viernes, 21 de enero de 2011

"ALIADOS"

Suspiré profundamente mientras mi cuerpo se hacía pesado en el asiento del copiloto, no importaba lo que estuviera viendo en ese momento a través del espejo, la verdad era que mi mente, corazón y cuerpo estaban muy distantes a ese lugar. Abroché con un movimiento casi letárgico el cinturón de seguridad.

Click

Si todo fuese tan perfecto como era un click en una situación como esta el mundo también obtendría ese calificativo.

Un golpeteo de nudillos en el parabrisas delantero me regresó a la realidad, papá estaba intentando llamar mi atención, con el doble sentido de intentar distraerme, hacer de aquella situación menos tensa de lo que ya era, si bien el no estaba de acuerdo con la acción que se avecinaba y lo mejor –o lo poco- como diría mi madre que podría hacer Edward Cullen era intentar relajar su estado de ánimo mientras me daba un poco de terapia paternal.

Bajé el vidrio manualmente, el ya estaba ahí, apoyó los codos en la abertura. Suspiró y meneó la cabeza, ya sabía yo que todo era demasiado bueno como para que el no estuviera merodeando la partida, y en ese momento se río.

-Quizá debería empezar a recitar mentalmente el himno nacional mexicano o la última clase de embriología que recibí- le sonreí

Levantó las manos en señal de inocencia y después colocó uno de los mechones de mi cabello ondulante tras mi oreja.

-No puedo mantenerme muy lejos- explicó a modo de disculpa, y yo tampoco quería que lo hiciera

La mirada de mi padre se torno de dulce a brusca, sus ojos traspasaban el automóvil, no hacía falta ser un adivino como tía Alice, en realidad era bastante simple si tomábamos en cuenta la lista de las personas en las cuales mi padre no confiaba del todo.

-Lleva el teléfono contigo- me dijo y noté el frío de su voz que antes era aterciopelada.

Bufé.

Deslicé los ojos hasta la puerta que se cerraba en el lado del copiloto, un click más. Volví la vista inexpresiva hasta la terracería que aparecía delante de nosotros, el inicio de una soberana tontería que solo las mentes brillantes de Carlisle y Edward Cullen habrían podido establecer, me crucé de brazos y el auto arrancó.

Sentía la mirada furica de mi padre clavada en la nuca y también el par de ojos miel que me observaban desde el asiento contiguo, no quería hacer caso de ellos, en realidad no quería hacer caso de ninguna de las cosas que estaban sucediendo. Ahí estaba yo, clavada en el mustang azul del año de frankinstein.

Noté la siniestra sonrisa que se alzaba en su rostro y lancé otro bufido al aire. Idiota.

La música comenzó como un zumbido suave y lejano hasta que la letra fue haciéndose más presente, era una especie de blues que había escuchado, quizá en los discos de mis padre o en los de los abuelos, para una casa con reliquias que databan desde hacía miles de años no era sorprendente.

Le oí tararear de una manera única, no había nota que desentonara ni siquiera en aquel canto bajo. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? ¿Cómo podía sentirme yo tan desesperada y parecer que él ni siquiera se inmutaba?. Sorprendentemente así como su tarareo, era cierto.

-¿Siempre tienes esa actitud?- su voz pareció emanar desde algún lugar desconocido.

Solo le había escuchado hablar una noche y me parecía demasiado vago aquel recuerdo, incómodo intentar recordar su acento, y ahora tranquilizador. Sacudí mis pensamientos ¿tranquilizador?

-Solo cuando tararean- me limité a responderle

El sonrió, deslicé los ojos hasta aquella refulgente sonrisa, yo quería hacer lo mismo. Sonreír. Mi yo interno se abofeteó un par de veces antes de volver la vista a la carretera de Forks a la que comenzábamos a descender. No me debía permitir aquello, yo jamás volvería a sonreír si no le encontraba.

-No se silbar- añadió

Dio la vuelta al volante de una manera tan tosca que me hizo golpear el muslo con la portezuela de mi lado. El coche traqueteo un poco y siguió andando.

-Podrías quedarte en silencio-le sugerí.

Y por supuesto que lo preferiría, si tenía que hacer estos viajes al menos podría ponérmela fácil y no intentar rellenar el espacio con intentos de conversaciones que de cualquier manera terminarían en un rotundo fracaso. Yo no necesitaba hablar, mucho menos con él.

-Podría…- repitió.

Con la mano izquierda se tocó el mentón y volvió a sonreír de esa manera tan sínica que solo él conocía. Estaba segura que estaba haciendo eso adrede, para molestarme.

-… pero no lo haré-añadió y colocó ambas manos en el volante- prefiero cantar, si no te molesta.

Sentí el peso de su mirada y volví la mía hasta él, tenía el cabello mojado y rizos negros le cubrían la frente sus ojos me inspeccionaban a la espera de un asentimiento o una negación, después volvió la vista a la carretera y metió el pie en el acelerador.

-Mira Renesmee en verdad no me importa si quieres escucharme o no- habló con determinación

>> Solo necesito trabajar en equipo, es todo

De nuevo aquel tono sarcástico, irritante y extrañamente gracioso había desaparecido, como la noche cuando me había dicho que me ayudaría y después una máscara se había instalado en su rostro Akun Konibuk era un tipo raro, y no me gustaba estar en su auto. Solo debía hacerlo.

-La persona más indicada para ir es tu hija- le había dicho a mi padre por la mañana
-Renesmee no irá a ningún lado sola
-Piénsalo Edward, entre más gente se mueva, y si hay algo turbio detrás de esto, les será más fácil dar con nosotros, con todos…
-El tiene razón- dijo el abuelo- solo Nessie puede acompañarlo, acuerdo 7 hijo…

Y con aquella conversación mis planes de victoria entre mi padre y el abuelo habían desaparecido, ellos mismos me habían enviado a la guerra, que comenzaba a desatarse dentro del campo minado que representaba el mustang azul y aquel hombre que me producía una sensación de vértigo. No me gustaba su compañía, ni la manera en que sonreía o hablaba, había algo en el que no quería comprender, O no debía hacerlo

Sin embargo ahí estábamos manteniendo una de esas charlas triviales a las que no quería llegar y de pronto aparecía

-dudo que tu y yo seamos como Sherlok Holmes y Watson, en especial por ti, pero lo haré- le respondí

El endureció la quijada y pasamos la línea divisoria hasta Seattle. Fingió indiferencia y lo agradecí

Debíamos estar en Port Angeles a las 3 de la tarde, la siple idea de regresar a esa ciudad me aterraba, pero mi "compañero" no podía notarlo. Seguramente le resultaría asombrosamente divertido. Uno de las aves había recibido el llamado de otro cambia formas en algún lugar del continente, aún siendo mitad humana, mitad vampiro me parecía increíble que el hecho de que pudieran existir seres diferentes. Todo era cierto.

-¿Dónde se supone que estará ese amigo tuyo?-le pregunté intentando accionar la manija de la puerta para bajar el vidrio.

Atascada

Akun sonrió, en lo que pudiera llamarse una sonrisa, más bien aquello era una mueca burlona que me hacía desear darle una bofetada. Estúpido.

Se inclinó y movió la manija con una facilidad asombrosa, quizá el pudiera ser más fuerte, de cualquier manera yo me acercaba más a los estándares de un humano que de un vampiro.

Había dejado de beber sangre para acelerar el proceso de humanización, únicamente bebía un poco todos los días de algún animal, por mi salud, como habría recitado Carlisle, el dejar de lado mi alimentación básica- por el lado vampírico- me había debilitado, claro que jamás lo hubiera notado, mientras él estuviera a mi lado yo siempre sería fuerte, hasta el momento del accidente. La falta de la sangre necesaria en mi sistema me había dejada fuera de combate por un mes en una cama. Ningún vampiro en buenas condiciones se habría amarrado a ese pedazo de madera y colchón tanto tiempo. La tía Rose había lanzado cientos de improperios para calificar mi actitud. Negligente, poco responsable, estúpida, por mencionar los menos dolorosos. Para ella mi sacrificio no había cobrado efecto cuando él desapareció. Ahora yo lo estaba sopesando.

El aire fresco entró en el auto, Akun no perdió el equilibrio ni por un segundo y desvió la vista de nuevo a la carretera. No le agradecí el gesto, me crucé de brazos y esperé que aquella acción incomoda y caballerosa desapareciera con el viento que se colaba entre nosotros. Porque yo no iba a decirle Gracias, cuando era más que evidente que solo me mostraba lo fuerte que podría llegar a ser él y lo débil que yo le parecía.

-Plunkin Shack Café, ahí es donde veremos a Daniel

Me sorprendió su respuesta y el tono de viejos íntimos amigos que utilizó, quizá estaba reconsiderando la idea de tratarme como una aliada y tomarme en cuenta como persona.

>> Descuida, no pediremos nada con ajo- su carcajada me hizo desmenuzar la idea anterior, ese hombre era un completo idiota.

La Cabaña Plunkin Shack Café era un restaurante en el Boulevard de la Marina en Port Angeles, servían desayunos exquisitos para paladares humanos, y tenían el toque especial de elaborar aderezos con ajo deliciosos, clavé los ojos en el parabrisas. Sopese la idea de salir por la portezuela del auto aún en movimiento y correr de vuelta a mis padres. ¿Cuánto tiempo le tomaría a Akun darme alcance? ¿Podría llegar con mi familia antes que él lo hiciera? Desvié la vista desde mi cinturón de seguridad hasta la carretera. Él pisó el acelerador.

-Ni se te ocurra princesa- dijo como si conociera mis pensamientos.

Aquello hirvió la sangre en mi cuerpo, primero el despectivo princesa, y después frustarme los planes de huida. No podía ser posible que los metamorfos de aquella parte del continente tuvieran dones como los vampiros ¿cierto?. Volví el rostro hasta y su mirada se conectó con la mía.

-Es fácil, si te pones a analizar lo incómoda que pareces y lo tensa que has estado, tampoco hablas, y tus ojos se desvían del cinturón hasta la carretera- Akun volvió a inclinarse sobre mi y accionó el botón de seguridad en la puerta de mi lado

Antes de haberle pedido una explicación sobre su infinito conocimiento en la materia de mi cerebro el ya me había dado la respuesta que quería escuchar. No me satisfizo del todo. Pero me tranquilizó, por lo menos no había nada de dones mentales en todo aquello. Se limitaba a simples acciones

-Suficiente has de tener con aguantar a tu padre- añadió

Doblamos en la esquina de la 1st street bajando la velocidad, una calle más y llegaríamos al destino.

-¿Cómo sabes que pensaba en ello?- los nervios comenzaron a reptar como la misma sangre entre las venas de mi sistema. Definitivamente no me gustaba su compañía.

Me miró con una expresión que claramente decía “quieres más explicaciones” y ello me dejó helada después volvió a sonreír con aquella mueca estúpida que obviamente llevaba implícito el “lo sabía”

-¿Tienen alguna clase de… dones?-la idea volvió a tronar con fuerza en mi mente. Tenía que preguntar.

-No- su tono fue seco.

Mi cuerpo salió despedido hacia delante en un frentón brusco, cuando el freno del auto apareció de pronto, el brazo de Akun se interpuso entre el tablero y mi cuerpo evitándome un buen golpe. Primero frenaba como un animal y después me salvaba. ¡Vaya héroe!

-Cuidado princesa-dijo a modo de disculpa y a la vez esbozando su típica sonrisa. Mezquina, si eso era.

Me llevó un segundo encontrar la voz dentro de la garganta, para toparme con su mano extendida a mi lado derecho. Se había movido con la velocidad característica de un ser sobrenatural y ahora había abierto la puerta para invitarme a salir.

Buena obra estábamos dramatizando en aquel sitio, cualquier transeúnte que pasara daría por sentado que éramos una pareja de jóvenes enamorados, el me habría invitado a comer y yo estaba más que encantada. Fue como un sopetón saber que era cierto, de ahora en adelante tendría que fingir, actuar un papel, y el horror de aquella actuación era que lo tendría que hacer al lado de Akun.

Sus músculos se flexionaron debajo de la playera negra que llevaba, parecía un chico normal, nada salido de las selvas brasileñas y mucho menos que fuese un ave. Sus jeans estaban rasgados y los vans que utilizaba algo gastados, pero la pinta de modelo de revista ni siquiera vistiendo harapos se le quitaría. Me di cuenta que era la primera vez que veía a Akun vestido completamente. Tomé su mano y salí del auto.

El Plunkin Shack Café estaba abarrotado como era de esperarse, las tres de la tarde es la hora típica para que cualquier ciudadano común vaya a tomar el lunch. Akun se dirigió a la camarera que atendía a los comensales, como si conociera el lugar perfectamente. Me quedé en el umbral del sitio y pude observar las mejillas sonrosadas de la chica mientras Akun hablaba con ella, si, seguramente estaba demasiado nerviosa ante su presencia y aspecto, “pobre mujer, si supiera que es un idiota.” Añadió mi yo interno.

Akun volvió con su típica sonrisa y me tomó de la mano sin previa anticipación, su contacto fue cálido, como no esperaba que fuese y acercó su boca a mi oído.

-Daniel ha llegado, ella nos mostrará el lugar- me dijo y el cuerpo se me tensó.

-¿Qué le has hecho?-le pregunté en un susurro y sentí su sonrisa.

Quería liberar mi mano de la suya, pero a la vez sabía que debía actuar perfectamente, aunque aquello me pusiera a temblar las rodillas.

-Nada- respondió con acritud y caminamos tras la chica entre las mesas.

Ella tenía el cabello rubio hasta la cintura, unos ojos azules y la sonrisa perfectamente blanca, era bonita en efecto, y su rostro no encajaba con el de una camarera, nos llevó hasta la segunda planta, donde el aspecto del restaurante familiar cambiaba por el de un bar. Sonrió

-Él está en aquella mesa- dijo y Akun colocó un billete en el bolso delantero de su mandil. También le sonrió y la chica desapareció.

-¿Qué fue eso?-estaba perpleja

-Ella dijo que nos mostraría donde estaba Daniel, no que tuviéramos reservación-me guiñó un ojo

Había volutas de humo desperdigado por todo el sitio, los tacos chocaban violetamente contra las bolas de billar y había cenizas esparcidas por cualquier parte del piso que estuviéramos. Tosí

-Lo olvidaba, este no es lugar para una princesa- su tono de burla, de nuevo.

Me solté de su mano en un movimiento brusco, algo que deseaba hacer desde que había tomado la mía con absoluta decisión. Y con la misma seguridad hice lo propio ¿Quién demonios se creía?

Me metí las manos en las bolsas traseras del pantalón y me planté frente a la primer mesa de billar, según la camarera el tal Daniel nos esperaba en la última, donde se amontonaba más humo negro y era posible distinguir la barra de bebidas.

Akun se giró en redondo para ver el motivo de mi retraso, me vio ahí detenida como estatua en medio de un mausoleo. Sus ojos se volvieron burlones y caminó de nuevo hasta mi posición

-No vuelvas a llamarme princesa- le dije levantando la mano derecha

El se dio la vuelta y comenzó a caminar de nuevo

-Como digas princesa- repitió remarcando el calificativo y se rió. Si, era un verdadero fastidio un idiota sin vergüenza

Decidí que no valía la pena hacer berrinches por el compañero de equipo que me habían asignado, y también ignorar sus tontos comentarios, Akun se cansaría de llamarme de aquel modo y entonces yo habría vencido sin tener que seguirle el juego. Caminé entre las miradas lascivias y silbidos de los ahí presentes, hasta chocar con los músculos de su espalda.

-Eres demasiado femenina para esto- me dijo sin verme

-Podrías escoger algún otro punto de reunión si no te parece- no iba a caer en ninguno de sus juegos.

Lejos de hacer que se sintiera mal, se río como si le gustara mi actitud de auto defensa y entonces cruzamos la barra de bebidas. Ahí en la mesa contigua había un hombre que nos miraba fijamente, avancé detrás de Akun hasta llegar a su lado.

El hombre se puso de pie, era de mediana estatura y llevaba el cabello a navaja #1, tenía la nariz algo torcida y los ojos pequeños, como almendras, la cara ovalada y piel morena. Era musculoso y llevaba un playera los jeans desgastados y los tenis blancos y grandes, con todo eso, parecía alguien de fiar, sus pestañas caídas parecían un abanico de posibilidades sobre lo que podría convertirse.

Me miró y una fina línea se dibujó en su rostro, era una sonrisa. Le devolví el gesto y nos invitó a sentar con un movimiento de mano.

-Soy Akun Konibuk, Monde me ha dicho que tienes información para nosotros-

Akun habló en español y hasta aquel momento comprendí que el metamorfo que tenía delante de mí tenía toda la pinta de ser mexicano, mi acompañante apoyó los brazos y codos en la mesa y sus ojos miel inspeccionaron al sujeto. Daniel asintió y se pasó la mano izquierda por la cabeza, frotándosela.

-Es la ciudad más grande del País-habló por fin y aunque yo no entendía nada de lo que ellos decían podía sentir la tensión en el aire.

>> No va a ser fácil encontrarle si es que se trata de la misma persona, pero podemos movilizarnos.

Todo aquello fue un intercambio de palabras en español y mexicano que en mi vida había escuchado, maldije internamente por no tomar la materia optativa de lenguas en la facultad. Ahora era demasiado tarde. Intenté filtrarme en la conversación, deslicé la mirada de Akun a Daniel cientos de veces, pero ninguno de ellos estaba interesado en hablar conmigo.

Me crucé de brazos a hacer lo único que se me había dado bien durante este año. Esperar. Si algún día me decidía a tomar clases de español, tendría que comenzar por articular unas cuantas palabras, ese simple Hola, me costaba un trabalenguas, ¿Por qué no todos los idiomas eran tan sencillos como el inglés?

-… Renesmee Cullen- dijo Akun señalándome y Daniel asintió.

Solo en ese instante supe que se referían a mí, y me sentí patética al no poder entender nada de lo que ellos hablaban, bien, si Akun quería remolcarme con él a sus encuentros con personajes mexicanos primero debía enseñarme algo básico de español. Seguía sin comprender como un nativo brasileño hablaba idiomas. Decidí guardarme ese haz bajo la manga, como un aliado mío. Para vencerlo a él.

-Daniel necesita que le des alguna referencia específica sobre Jacob- la mención de su nombre me hizo latir violentamente el corazón, en efecto Akun no conocía que mi mente y mi familia nos reservábamos el derecho de llamarle así para evitar causarme dolor, pero mi dolor ahora no importaba, sufrí el liquido que me quemó la garganta cuando respondí

-Jacob tiene una cicatriz- le dije a Akun y el asintió por primera vez en el día con seriedad- es una especie de estrella entre las costillas y el estómago.

Aquella marca le había quedado después de la batalla contra los neófitos cuando había defendido a mi madre de victoria. Mi padre me había explicado la creación de la horda de vampiros a manos de la pelirroja que buscaba venganza, mi familia y los lobos habían guardado el secreto sobre aquel incidente.

-Son ellos Nessie, han vuelto a crear una horda de vampiros neófitos, tengo que sacarte de aquí-

Eso había dicho él antes de desaparecer de mi vida, mi padre tuvo que develarme todos los secretos surgidos de esa etapa en sus vidas si quería que todo se aclarara, mi padre había dicho que Jacob creía en la creación de nuevos vampiros por las desapariciones de chicas en Port Angeles hacía un año, pero a ciencia cierta nadie sabía que había ocurrido con aquellas mujeres. Solo que alguien pretendía llegar de nuevo hasta el clan Cullen, y en su paso había encontrado a Jacob.

Era la suposición que mi familia vampírica y lobuna queríamos dar por certera. Todos teníamos dudas aún.

Akun tradujo y Daniel asentía lentamente alrededor de 5 minutos después se pusieron de pie, imité su gesto porque sabía que se avecinaba la despedida, las manos me sudaban cuando Daniel inclinó la cabeza en mi dirección. Lo entendí como un “hasta luego”

El hombre se esfumó entre el humo debajo de las escaleras y Akun se desplomó de nuevo en su silla.

-Necesitas un diccionario-me dijo antes de mofarse.

Puse los ojos en blanco y pedí al cielo fuerzas suficientes para no arrancarle la cabeza

-¿Podrías solo decirme que pasa?-le pregunté imitando su gesto anterior y tomando nuevamente asiento

Akun se puso de pie y estaba segura esta vez que lo hacía a propósito, contuve mis fuerzas en los puños y cerré los ojos por dos segundos “Respira Renesmee” me recordé “solo unos minutos más”

-Vámonos, se hace tarde- se limitó a responderme.

Para las 5 de la tarde el restaurante estaba despejándose, no vimos a la camarera por ningún lado, cosa que agradecí en el fondo, la chica no tenía la culpa de estar siendo seducida por un hombre-ave que utilizaba su belleza para conseguir que lo dejaran infiltrarse a un lugar donde no había reservado. Aunque aquello me llevara entre los pies a mi también.

Agradecí el cambio en el ambiente, el aire fresco de Port Angeles y el vago sol que se colaba entre las nubes, sentí su presencia detrás de mí y volví el rostro para mirar sus ojos cerrados, Akun inhalaba el aire de aquel sitio y se llenaba los pulmones con una gratitud impresionante, imaginé que desearía estar en el aire extendiendo sus alas cortando el viento, y como si pudiese adivinar mis pensamientos-de nuevo- extendió los brazos al cielo.

Al segundo siguiente ya había caminado hasta su mustang y sostenía abierta la puerta del copiloto

-Ya no necesitas actuar-le reproché y me metí en el vehículo, cruzándome de brazos cuando estuve dentro.

Las manos de Akun tamborilearon en el volante y en la palanca de velocidades, me pregunté qué estaría esperando para darle marcha y deshacerse de mí. Era demasiado evidente que él y yo éramos incompatibles y ninguno se sentía cómodo con la presencia del otro, así que ¿para qué prolongar tanto la agonía?

-Daniel me dijo que habían visto a un chico, se parecía mucho a tu Jacob

Sus ojos no me miraron, esquivaban la nada en medio de la Marine Street , había algo en su manera de referirse a Jacob, algo que no me gustaba, o quizá era la extraña sensación de que odiaba que su nombre-que para mí era sagrado- lo pronunciaran los labios de Akun. Que no tenía nada de santidad, ni siquiera el nombre.

No podía hablar, saber de alguna esperanza me hacía temblar y no me gustaba alimentar ese deseo, solo quería que fuera cierto, volver a verlo, solo pedía eso.

-¿Tienes alguna foto de él?-sus ojos se clavaron en los míos y asentí sin fuerza, con el corazón latiéndome violentamente contra el pecho.

Akun dio marcha al automóvil, sus intentos por obtener alguna información de mi parte en aquel momento parecían haberse reducido a la nada, no estaba demasiado dispuesta a colaborar.

Pretendí dormir el camino de vuelta a casa, no pude, las luces de las farolas en la carretera me hacían sentir más distante aún. Tenía miles de fotos, todas escondidas en algún lugar de mi casa en Forks y muchas más en la mansión de Chicago, eran señales, recuerdos, vestigios de una vida que estaba perfectamente planeada y que ahora la veía tan difuminada como el humo de un cigarrillo.

Ahí fue donde me asaltó la primera duda ¿Y si todo lo que está perfectamente estipulado no fuera cierto? ¿Y si la imprimación no fuese lo suficientemente fuerte para mantener dos corazones, dos almas, unidas? Era imposible que mi vida planeada al lado de Jake se desmoronara como mazapán. La magia, las leyendas, eso existía pero ¿sería todo certero?

-¿Qué clase de cambia formas es Daniel?-le pregunté

Había tenido aquella duda desde hacía mucho tiempo, quería suplirla necesitaba saber, aunque en el trasfondo de todo eso la única e inquietante duda era ¿qué sabe el de Jacob?

-Es un perro- respondió como restándole importancia.

Me tensé y el bufó.

Dio un golpe en el volante con la mano derecha

-Vamos, no me refería a… eso- el estaba enterado del apodo que habían ganado los miembros de la manada dentro de los clanes de vampiros, el apodo favorito de la tía Rose para referirse a Jake. Perro

>> Realmente son perros, es mexicano. – su mirada escudriñó la neblina que comenzaba a descender en el pueblo natal de mi abuelo Charlie. Pasamos junto a su casa.

Añoraba los días de visita ahí, todo era tan fácil en aquel tiempo. Todo estaba en su lugar Jake a mi lado, y mis padres velando por mi seguridad, tenía la plena certeza de que no había mejor sitio para mí que entre ellos tres. Las cosas habían cambiado.

-Harán lo que puedan por encontrarlo- añadió y asentí entre temblores

Las miles de preguntas sobre la conversación pasada se ahogaron en la garganta cuando Akun miró el cielo y seguí la dirección de sus ojos, frenó bruscamente de nuevo y en un santiamén bajó del auto. Entre la neblina solo pude distinguir los músculos contraídos de una espalda desnuda que no era la de el chico que hacía 2 segundos manejaba el automóvil en el que yo estaba sentada. Otra ave. El tatuaje negro que había entre sus omóplatos era idéntico al que usaba su parvada. Lo reconocería como integrante de los kanoê en medio de un mar de gente, solo por ese detalle.

Akun frunció el ceño y le tomó por el cuello con la mano derecha, sus ojos se volvieron helados y desgarrantes. Tuve miedo. Quise salir a protestar por ese chico. Cualquiera que fuese el error cometido, y por muy líder que él fuera no tenía derecho a tratarlo de ese modo. Pero me quedé petrificada

Su expresión temblaba hasta llegarle a la fina línea que delimitaba la boca, el otro alzó las manos y Akun aflojó el agarre, el ave entró en fase y voló tan alto como pudo. Los puños de Akun temblaban cuando agarró el mando del auto de nuevo.

-¿Qué sucedió?- en realidad no quería saberlo

El no me respondió, pisó el acelerador y entramos al camino de tierra que conducía a mi casa. Me sentí segura en aquel sitio, quería estar lejos de ese hombre. Cuanto antes mucho mejor

-Otro pequeño detalle- masculló.

Mi padre estaba esperándonos plantado en medio del camino que conducía a la casa. Demonios el celular. Lo saqué del bolso trasero en el pantalón. 50 llamadas perdidas era una exageración. Aunque no recordaba haberle puesto el silenciador, el botón estaba accionado, vaya mierda de hacer despertar la furia de Edward Cullen, mi padre no me tragaría ese cuento.

-Papá va a castigarte ¿cierto?-se burló. Otra vez

Bufé

-No pienses- le ordené- Bloquea tu mente, no quiero que sepa donde hemos estado.

El auto se detuvo, supe que Akun no iba a guardarse sus pensamientos, con toda seguridad mi padre a estas alturas ya sabría que habíamos visitado un lugar atestado de humo de cigarro, cervezas, sexo y billar. Nada que entrara dentro del paradigma de un sitio de investigación entre el líder y yo.

-Papá puedo..- sus brazos acallaron las palabras que intentaban salir. Excusas

-Prometiste cuidarla- replicó aún pegándome a su pecho

-Sana y salva ni un hueso roto- respondió sínicamente

Pude sentir el gruñido que salía del pecho de mi padre, estaba segura que se controlaba por mí. De no ser así Akun ya no tendría cabeza en ese momento.

-No volverá a salir sola- añadió mi padre.

Acto seguido me remolcó con el tomándome la mano. Me hizo sentir deprimentemente pequeña y malcriada, giré el rostro para ver desaparecer a Akun en su mustang, una sonrisa de esas maliciosas asomaba su cara. El peso del calificativo que seguramente el estaría pensando regresó como si lo estuviera pronunciado. Princesa. Me dieron ganas de vomitar. Tenía razón y yo odiaba reconocerlo. El y yo aún teníamos una charla pendiente.

-¡Gracias al cielo!- exclamó mi madre cuando entré a la sala. Corrió a abrazarme

-La ha llevado a un bar- añadió el lector de mentes

Le lancé una mirada furica, está bien que el conociera el secreto pero ¿Por qué hacer que toda la familia también se enterara? Me sentía bastante niña de por sí ya con esa situación y él aún le echaba leña a la hoguera.

-Edward…- el abuelo quiso intervenir, pero mi padre ya estaba dándole de marrazos a la mesa del centro

La abuela Esme contuvo una exclamación ahogada. Era su mesa favorita.

-Basta ya Edward te comportas como un niño- le gritó mi madre y fue hasta su encuentro.

Emmett y Jasper me miraban con una expresión divertida, en efecto pensaban que me había pasado la tarde fumando y bebiendo. Estando de lo lindo

- ¡Como si con ese esperpento pudiera sentirme tan bien para hacer lo que sus sucias mentes piensan!-me descubrí gritándoles y subí las escaleras

-Te enseñaré a sostener un taco- y el tío Emmett se carcajeó.

Entre las sábanas esa noche hubo una afirmación. Akun tenía razón en burlarse de aquel modo de mi vida. Toda yo era una burbuja impenetrable, infranqueable, siempre rodeada de personas que me hacían las cosas fáciles, jamás había padecido nada. Y aún así en el dolor de la pérdida de Jacob tampoco estaba sola. Tenía todo a mi alcance. Era rica. Una niña malcriada en efecto. No carecía de nada. Dolía pensar en todo aquello, era como si mi vida hubiese estado cimentada en un castillo de Disney, un cuento de princesa que jamás se había desmoronado. Tenía una vida hecha desde el momento en el que nací y un amor para vivir felices para siempre, pero jamás nadie me había preguntado qué era lo que yo quería. Tampoco lo sabía, porque no había aparecido nadie que me hiciera plantearme todas esas dudas.

Akun tenía razón en algo más, algo que yo había tomado de muy mala gana, pero que ahora en el calor de mi cobertor se levantaba en armas en mi mente

-Suficiente has de tener con aguantar a tu padre-

El no estaba equivocado, nunca había sopesado esa afirmación ¿Quería seguir siendo una princesa inútil el resto de mi vida? No solo por mi padre, toda mi familia. Toda mi vida era una puesta en escena.

No tenía respuesta ni fuerzas suficientes, solo un pesado sueño que se fue haciendo presente. Escuché el chasquido de una silla que se astillaba en la planta baja y sonreí. Mi padre seguía haciendo rabietas. Estaba harta de las rabietas y de ser una princesa….....

"LOS ACUERDOS"

Él tenía el cabello negro y rizado, largo hasta debajo de la oreja, tenía unos ojos profundos y enigmáticos, mieles y penetrantes, la nariz era afilada y los labios delgados y rosados, sus cejas eran pobladas y negras y no podía sostener su mirada.

Mientras se llevaba los brazos tras la nuca pude distinguir un atisbo de sonrisa dibujarse en su rostro, aquellas que pinta solo un bribón y una persona que quiere hacerte rabiar, pues bien lo había conseguido. Me había sonrojado.

Ellos permanecían inmóviles en el centro de la sala, eran 3. Todos andaban sin camiseta, vistiendo pantalones negros y ahí donde sus omóplatos hacían contacto mantenían un tatuaje negro, como las plumas de las alas que se dibujaban en su piel. Era pequeño y enigmático.

Fuera de la casa se escuchaba el barullo de lo que parecían ser al menos 10 personas más, mezcladas con las ya conocidas voces de mi manada. Mi madre y la abuela estaban sentadas cada una a mi lado. Mientras Edward, Carlisle, Jasper, Emmett, Sam y Billy cerraban un círculo entre ellos y nosotros.

La tía Rosalie profirió un bufido desesperado y Alice se balanceaba sobre las puntas de los pies intentando no perder la calma. Cuando los ojos miel del chico revoloteaban sobre los míos, el pequeño duende me miraba también, y después hasta él.

Yo intentaba hacer caso omiso de todo aquello, supuse que tanta era la desgracia que envolvía mi alma que era difícil no notarla, y seguramente aquel hombre que parecía ser el jefe de la “parvada” sentía una profunda lástima y conmiseración hacia mi persona

Mi padre hizo un gesto de asentimiento y caminó hasta donde yo estaba. Mamá intentó darme valor y sentí la delicada, pero poderosa capa de su escudo. Edward buscó sus ojos y ella se relajó.

-Quiere hablar con Renesmee-dijo mi padre y una punzada agónica recorrió todo mi cuerpo.

En un año solamente había cruzado palabra con mi familia y los Quileutes, un sudor frío se posicionó en mi nuca, me aterraba la idea de tener que cruzar palabra con alguno de aquellos corpachones de hombres y sobre todo con él, su líder.

-Tu madre y yo estaremos aquí, Akun solo quiere hacerte unas preguntas-me tocó el brazo adivinando mis pensamientos-tranquila cariño.

Mis abuelos, tíos y Billy salieron de la casa, es imposible querer dar privacidad a alguien que sabe, le pueden oír a kilómetros de distancia, pero en esta ocasión no agradecí el gesto. Me inquietaba demasiado la presencia de aquellos tres hombres-ave. Si bien la caricatura de Hey Arnold aunada al capítulo El hombre-pájaro me seguía traumatizando y persiguiendo como cuando tenía 4 años.

Dos de ellos salieron de la casa, una vaga melodía me indicó que aquel que era el líder les hablaba en una lengua desconocida para mí y quizá para el resto de mi familia.

El miró a mi padre que esperaba tomándole la mano a Bella en el otro extremo de la habitación, al pie de las escaleras, Edward asintió y yo sabía que el no dudaría en intervenir si veía algo extraño.

Se acercó con paso firme y decidido y se acuclilló a mi altura. Era impresionantemente alto, 1.90 o al borde de los 2 metros. Sus brazos se flexionaron marcando los músculos de los bíceps y los tríceps cuando unió las manos sobre las rodillas, tenía el cabello mojado y sus ojos del color de la miel me estudiaron atentos. No sonrió.

-Mi nombre es Akun-me dijo su voz era grave y decidida, la que esperaba escuchar justo detrás del cuerpo que poseía. No respondí, no sabía dónde encontrar la voz, el era un completo desconocido que además infundía cierto miedo en mi persona.

-Renesmee, haremos lo que podamos por encontrarlo- agregó ante mi falta de respuesta y yo sentí humedecerse los ojos, asentí empujando las lágrimas y después encontrándome con su mirada, cautelosa.

-Gracias- tartamudeé- el estiró las comisuras de los labios, un intento nada satisfactorio para una sonrisa.

-Mañana por la mañana estaremos aquí, el resto de la parvada comenzará a salir, necesito que cooperes con nosotros ¿podrías?-

Y yo entendí perfectamente el implícito “deja de hacerte la niña”, que no mencionaron sus ojos, duros ahora e impenetrables, todo atisbo de sonrisa anterior había desaparecido. Era un tipo extraño

-Haré lo que pueda- Pareció que esa respuesta lo satisfizo y se levantó a velocidad relámpago

-Nos veremos, Edward- anunció y se despidió con la cabeza- Con permiso- añadió para mí y mi madre y después desapareció por la puerta.

Un aleteo veloz se escuchó en un santiamén después del portazo. Han entrado en fase. Pensé y los graznidos de las aves se disolvieron entre el aire y los kilómetros.

-Son una especie de cuervos- me dijo Seth sobre las escaleras del porche, pasaba su brazo por mis hombros y me ayudaba a relajarme.

Jared, Paul, Embry y Quil estaban dentro con Sam, Billy y mi familia. Aunque era consciente de que los ojos atentos del tío Jasper nos observaban tras las cortinas blancas.

-¿Qué tienen ellos contra los vampiros?-pregunté rememorando sus ojos inquietantes.

-Provienen de una tribu en Brasil, se llama kanoê, el líder Akun creció entre ellos aunque su tribu natal fueran los Akuntsu, la manada dice que que los kanoê eran muy aliados a ellos tanto que se han fusionado, relegando a los descendientes de la tribu de Akuntsu a solo 6 integrantes. Akun es uno de ellos-Seth no se atropelló con sus propias palabras por primera vez .

-No le encuentro lógica-me apreté las sienes buscando una respuesta.

-Los vampiros Nessie-Seth era de las pocas personas que aún me llamaban con ese diminutivo siempre, la mayoría de mi familia lo empleaba en algunas circunstancias, cuando era inevitable o no se daban cuenta, a mi me dolía como golpe de boxeador al saco que lo utilizaran, me estremecí pero Seth no lo notó.

>> Ellos conquistaron a los Akuntsu y los minimizaron hasta casi hacerlos desaparecer, Akun es el hijo menor de Konibu el líder de la tribu quien murió a manos de un vampiro. Antes de morir la madre de Akun, Ururú le hizo jurar que aniquilaría a todos los hombres pálidos y duros, sin corazón que encontrase.

Aquella sensación de sudor en la nuca se hizo presente de nuevo, un vértigo se apoderó de mi cuerpo y sentí el precipicio cerca, Seth me aferró del brazo.

-¿Qué ocurre Ness?-me preguntó levantándome en volandas dispuesto a entrar a la casa.

-Mareo- respondí torpemente, pegándome a su pecho-solo dime algo Seth- los parpados me pesaban para cuando pedí aquello.

>> ¿Por qué nos están ayudando?-pregunté entre un bostezo

Me pareció percibir la dureza del cuerpo de Seth, y creí ver las cejas encontradas y el ceño fruncido. Quizá fuera el sueño que estaba haciéndome ver cosas en mi pequeño, y fuerte amigo licántropo.

-Más leyendas Nessie- respondió el o creí haberlo escuchado, me desvanecí en sus brazos arrojándome a los de Morfeo que me esperaba impaciente.
.
.
.
El gris claro del cielo mezclado con el azul trajo una sensación de reconfortante paz a mi cuerpo. Estiré los brazos y fijé la vista en encapotado alba violeta grisáceo que se extendía en el horizonte. Divisé dos figuras pequeñas que se movían en el cielo de Forks cortando el viento helado. Eran apenas unos puntos pequeños en el este.

Las aves estaban ya montando guardia, haciendo lo que podían por ayudar a sus enemigos. Todo aquello me parecía realmente confuso ¿porqué habrían de aceptar una alianza tan descabellada solo porque los lobos se lo habían pedido?. Pero entre más vueltas le daba menos conseguía encontrar una solución decente, porque después de todo ¿Qué habíamos hecho los Cullen por ellos para que consiguiéramos fraternizar?

Con los lobos todo había sido diferente, muchas cosas estaban en juego cuando mi madre aún era humana, y cuando yo había nacido, aún se habían volteado mucho más.
Pero también era consciente que los lobos no eran afectísimos a mi familia, ni a ninguno de nosotros, solo éramos aliados en ocasiones y yo era como parte de su familia, una híbrida, vampira, humana y loba. Todo aquello reunido en un mismo ser. Entendía su concepto de non grato por los fríos, como por los de mi especie hacia los licántropos.

Hacía un año que las cosas que estaban de cabeza, se habían vuelto a enredar. Su alfa había desaparecido.

Bajé las escaleras, mis padres estaban ya en la sala, Emmett, Jasper y Alice no se veían por ningún sitio, Carlisle y la Abuela en la cocina y la tía Rosalie montando guardia en la ventana trasera.

-Es mejor que te cambies eso- no tuvo que especificar que se refería a la pijama que aún llevaba puesta.
-¿Qué sucede?-le cuestioné utilizando su mismo acento aterciopelado, intentado una respuesta apiadada
-Tendremos una reunión con los kanoê en unos minutos.

Mi madre me dirigió una mirada suplicante y subí a cambiarme por unos jeans y playera, no tenía demasiados ánimos de una reunión, pero estaba dispuesta a cooperar para encontrarle.

Nos reuníamos en el claro detrás de la cabaña, los abetos que circundaban el área nos hacían invisibles ante los ojos de alguno que otro andante.

Habíamos 18 personas en aquel sitio incluyéndome, sumando a mi familia y lobos y contando a 3 de ellos, se formaban en una V y a la cabeza iba Akun, los otros dos se colocaban en las puntas, tenían la misma piel morena clara, y los ojos grises. Además 5 cuervos volaban sobre nuestras cabezas.

-Hemos dispuesto lo que expusimos ayer por la noche- su voz sonó fuerte y avanzó hasta Carlisle para darle un papel y otro a Sam.

>> Están escritas las condiciones deliberadas para nuestra alianza, les daría un voto de confianza si los aceptarán-Akun dirigió una mirada a Sam y después sus ojos bailaron sobre mi persona, desvió rápidamente la mirada y me pareció distinguir un pequeño gruñido del fondo del pecho de Edward y mis amigos licántropos.

-Eso no está a discusión, no se le puede obligar- levantó la voz mi padre

-Los acuerdos están claros, y deben ser respetados-

Sentí la imperiosa necesidad de saltarle encima y decirle que sin su ayuda podríamos recuperarlo, pero me mordí la lengua ante la mirada furica de mi padre. En el fondo del alma sabía que sin ellos no tenía esperanza alguna de recuperarlo.

-Edward…- la voz de Sam era un susurro y mi padre ceñudo asintió

-Nessie, deberías verlo tú misma- el lobo me dio la papeleta y examiné los puntos

1.- El clan Cullen y la manada deberán encargarse únicamente del territorio sobre la reserva de Olimpic y el estado de Washington
2.- De ser necesarios sus servicios fuera de la reserva y los límites antes mencionados se les hará saber.
3.-Quedan dispuestos como intermediarios Carlisle y Edward Cullen, Billy Black y Akun Konibuk
4.-Los encuentros entre manda, parvada y clan quedarán establecidos por sus intermediarios y guardados en secreto a fin de no levantar ninguna sospecha
5.-De localizarse a Jacob Black, la parvada, manada o Clan avisarán su ubicación.
6.- La tribu de kanoê tiene libertad para moverse sobre el territorio que sea conveniente, y puede designar algún compañero del clan o manada
7.-Renesmee Cullen deberá colaborar en forma presente cuando los kanoê la necesiten.

Aquel punto era el más claro, y el que me helaba la sangre, entendía el enojo de mi padre, Akun podría disponer de mí para ir y venir, y hacer preguntas cuando el quisiera, y yo debía responder y no oponer resistencia o estaría violando los acuerdos establecidos y una alianza que quizá no acabaría del todo bien.

No podía permitir poner en riesgo a mi familia ni a los lobos, me adentré en la mirada imperturbable de Akun y sin emoción alguna mi voz sonó entre los ahí presentes.

-Hagámoslo- dije y las aves en el cielo cortaron su vuelo.

Akun sonrió de una manera indescifrable, como un gato acorralando a un ratón. Y así era estaba en sus garras, pero necesitaba de ellos para encontrarlo....................

"METAMORFOS"

-¿Significa que hay más licántropos?-preguntó el tío Jasper, que no dejaba de apaciguar el ambiente desde que toda la manada había pisado la casa Cullen.

Era claro que temían más por mí y mi sano juicio que por que se desatara una batalla campal entre enemigos naturales.

Mi padre me tocó el hombro e inmediatamente sentí el cálido y confortante estado de paz que provenía de Jasper. Aunque no dejó de ver a los visitantes ni por un segundo.

-Significa que hay más metamorfos- añadió rápidamente Billy.

Un manto se rasgó ante mis ojos, comprendí lo que Carlisle y Billy habían ido a hacer al otro extremo del continente, a eso se debían las ausencias de ambos, buscaban más hombres lobo que les ayudaran a encontrarlo. Edward meneó la cabeza en una negativa

-No es precisamente lo que piensas Ren- añadió mi padre mientras se acercaba en silencio y con pasos tan lentos que incluso a un humano le parecían una eternidad hasta el abuelo en el otro extremo de la habitación

-¿Qué es lo que pasa realmente Edward?- mi madre me aferró la mano con fuerza, pero no la suficiente para hacerme daño.

Los ojos de todos los lobos bailaban en direcciones diferentes algunos se paseaban sobre Carlisle como si le tuvieran un profundo respeto y no quisieran hablar ni una palabra de aquello, cuando giraban hacía Billy comprendían que era su deber guardar secretos, pero cuando me miraban a mi aquellos ojos marrones y profundos de mis amigos se volvían sinceros y más bien temían contar lo que sus bocas callaban.

Billy asintió ligeramente y Sam fue quien dio un paso para acuclillarse a mi lado

-Encontramos a nuevos cambia formas, llegaron aquí desde el sur del continente- Comenzó a recitar Sam como si se tratara de un discurso político, como si fuese un tema explorado con anterioridad, aunque la voz le temblaba ahí donde sus ojos oscuros se conectaban con los míos.- Nessie, ellos no son licántropos.

Se que ahogué un grito y enseguida Alice me aferraba los hombros entonces recordé su voz cálida y profunda que emanaba desde algún lugar de mi cabeza.

Cuando tuvo lugar aquella “reunión” Aro nos dijo: “Metamorfos” los describe mejor. La elección de la figura Lupina es pura casualidad. Podría haber sido la de un lobo, un halcón o una pantera cuando se realizó la primera metamorfosis

-¿Y eso significa?- le había increpado yo y él acariciando mi rostro había respondido
-Que de haber venido de una selva seguramente me convertiría en un león, si proviniéramos de Alaska estarías al cuidado de un oso polar, tal vez un pingüino, aunque algunos aseguran que hay criaturas muchas más extrañas…

No me sorprendió cazar a mi padre asintiendo en silencio.

-Son la única ayuda que tenemos- dijo Sam poniéndose en pie, dando por sentado que yo había entendido a que se refería, pero sin embargo había una duda más acuciante que me estaba flagelando el alma.

-Y nadie lo discute- añadió el abuelo Carlisle- ¿dónde será la reunión?

-Podríamos solo, dejar esto-chilló la voz de tía Rose, y todos los lobos se giraron a contemplar a la esbelta rubia que fruncía el ceño en medio de la sala

-Vamos Rose- mi padre intentó dar un paso hacia ella pero esta lo esquivó grácil

-No podemos ir haciendo “alianzas” por ahí con medio mundo- soltó como un gancho a la cara de un boxeador

Incluso la manda que yo amaba cambió el rostro cuando se dieron cuenta de dos cosas, la primera era que Rosalie Hale había incluido en el “no podemos” a sus personalidades, lo cual significaba que había un trato entre Cullen y Quileutes y lo segundo era que aún cuando los otros cambia formas fueran nuestra solución era verdad lo que mi tía acababa de decirnos.

-Nos han dado su palabra- Paul fue quien rompió el silencio con esa voz que se asemejaba a un terremoto

-¿Quién dice que no nos aniquilaran cuando lleguemos al lugar previsto?- lanzó al aire la pregunta mi exasperada tía.

Todos guardaron silencio, la tensión y el azoramiento era demasiado visible. Toda la manada incluyendo al viejo Billy, intercambiaron una mirada, la cual también conectaron con Carlisle.

-Es tan probable que intenten aniquilarnos, como que no lo hagan- habló el abuelo, mi padre le miraba con los ojos desencajados y de inmediato se colocó a un lado de Carlisle

-¿Por qué no lo habían dicho antes?-gruño como un verdadero vampiro que me hizo sentir helada la sangre
Por primera vez

-Edward, basta-entonó Carlisle- solo necesitamos un pequeño golpe de suerte, quizá si ellos nos ven del lado de los lobos, se apaciguarían las aguas, y solo entonces…

-Nos van a hacer pedazos en cuanto nos reunamos con ellos- anunció mi padre muy pagado de sí mismo. Bella dibujó una perfecta O en la boca y nada estaba claro, parecía un batido, con muchas frutas, leche y condimentos, pero era tan perfecto que cada granulo se había disuelto en su interior y no dejaba vestigios de lo que había sido como un ente.

Todo estaba tan enmarañado que solo podía fijar los rostros torturados de los licántropos y las expresiones perplejas de mi familia. Como mi madre, yo también odiaba los estúpidos juegos mentales.

-No lo harán- las campanitas inundaron como un repiqueteo de gorriones la habitación silenciosa. 20 pares de ojos revolotearon hasta la fuente de la que emanaba. Mi tía Alice

-Alice, tu no puedes ver metamorfos- repliqué y ella volvió de su trance la vista a mí

-Solo puedo ver a uno, una fuerza enigmática me enlaza descomunalmente a él, como si perteneciera a este mismo lugar- todos la miramos perplejos- ¡no me miren como si estuviera loca!

Se puso de pie y caminó hacía Carlisle, lo miró a los ojos para decirle

-El vínculo que le une con nosotros es mucho más fuerte que su naturaleza, no se opondrá a una alianza, además él es el líder.

Supe que estaba temblando cuando mi madre me tomó las manos para tranquilizarme yo traté de disimular el temblor, que poco a poco incrementaba el paso al interior de mi cuerpo

-¿Qué es ese vínculo Alice?-exigió mi padre
-No me pidas imposibles Edward-gruño la delicada figura femenina, que en ese momento parecía todo menos el calificativo- Soy un Vampiro, no una adivina

-¿Estás segura de lo que viste?-preguntó de nuevo el abuelo y mi tía asintió

-Lo siento como una energía poderosa cada vez que veo su rostro- contestó

-En ese caso debemos ir cuanto antes a reunirnos con ellos- Anunció Sam- estaremos al frente, no importa lo que pase- y cuando dijo aquella ultima frase me miró con una compasión que rayaba en la locura.

Era claro que todos entendían el suplicio por el que yo estaba pasando, si supieran de las lagunas mentales seguramente pensarían que había perdido el juicio, después de estar sumida en un estupor por un año, comenzaba a despertar porque la esperanza de encontrarlo había aparecido.

-¿Dónde tiene lugar la cita?-preguntó Jasper a la manada

-El claro-respondió Seth, vampiros y lobos intercambiaron miradas pero nadie dijo una palabra

-Ese claro está más salado que el mar- El tío Emmett rompió el silencio poniéndose en pie- todas las desgracias quieren suceder ahí- los lobos soltaron el aire de golpe y se unieron a las relajantes carcajadas de Emmett, Rose le dedicó una mirada furibunda

Jasper se dedicó a controlar mi estado de ánimo cuando la manada se retiro, el último en desaparecer fue Billy quien antes de partir se acercó al lugar en el que estaba sentada. Su mirada era como un libro abierto, llena de amor, esperanza y comprensión. Hasta ese momento no me había percatado que Billy también la había pasado muy mal, después de todo él era su hijo.

Me di cuenta que había sido como si 10 años le cayeran de golpe a Billy, después de la pérdida de su único hijo varón ya no era el mismo de antes, incluso el abuelo Charlie lo había dicho un centenar de veces, que su vida era tan deprimente como la mía.

Billy tomó mi mano entre las suyas y la beso tiernamente

-Lo vamos a encontrar cariño- me dijo y después se fue.

El pequeño arroyo que se filtraba entre la casa grande y la cabaña era apenas visible desde la parte trasera de la casa, mis ojos se concentraban en encontrar la manera de cruzar ese pedazo de agua sin tener que saltarlo, pero por más que intentaba localizar un pedazo de tierra por el cual caminar no había ninguno, la paradoja entre el arroyo y yo era que tampoco había medio para que yo pudiera acudir al encuentro con los metamorfos.

Mi madre se colocó a mi costado izquierdo y clavó la mirada ahí donde yo la había fijado.

-Se que estás enojada, pero es lo más sensato

-Se trata de recuperarle mamá, tú deberías saberlo más que nadie, además papá dijo que me dejaría tomar mis propias decisiones- añadí tratando de no levantar la voz, pero era imposible no llamar al lector de mentes.

-No cuando se trate de ponerte en riesgo- me contradijo mi padre que tomó la mano de Bella

Hubo una pausa de celos en ese video, yo había soñado con aquella perfecta ceremonia en la arena rodeada de caras amigas, viviendo la vida con él para toda la eternidad, amándole en cada forma posible y ahora todo se desmoronaba como un castillo de arena al ser derribado por una ola. Jamás sería como mis padres, tendría una eternidad vacía sin él a mi lado.

Edward tomó mi mano y la besó, me atrajo hasta él en un abrazo

-Haremos todo lo que podamos cielo, e irás con nosotros a buscarle, pero no me pidas acudir esta noche, no me perdonaría si algo te sucediera.

Entendí el riesgo y los miedos de mi familia, y la licántropa que también era considerada como mi familia, después de todo estaba tan ligada a ellos como a los vampiros, incluyendo el número de cromosomas en aquel recuento.

Después de alistarse salieron como rayos de la mansión papá, el abuelo, los tíos Jasper y Alice. Mi madre, la abuela , los tíos Rose y Emmett y yo nos habíamos quedado como estatuas cada uno en algún lugar que le pareciera menos impertinente y más propicio dentro de esa decoración de sala, si alguien hubiese entrado en aquel momento seguramente nos hubiera tomado por parte de esta. Estatuas.

Sabía que Rose hacía zapping en la televisión de 20x20 que habían comprado para no llamar la atención y que Emmett descansaba los párpados en el sillón más grande, claro que era tan pequeño para el que apenas cubría su cabeza y la 4ta parte de su torso, dejando las piernas sueltas por el brazo. Sonreí de imaginarlo

Y entonces pensé en él, seguramente su enorme corpachón no cabría en aquella salita, recordé el calor que me proporcionaba al abrazarme, las brazas de fuego que me encendían cuando me tocaba. El dolor que me producía imaginarme sin él, y a fin de cuentas esa era mi situación. Imprimada y sola

-Nessie, necesitas dormir- la suave y melodiosa voz de mi abuela Esme me tomó por sorpresa, y sus dedos se deslizaron agiles por mis mejillas, últimamente no me daba cuenta cuando comenzaba a llorar.

Todos pensaban que me había abandonado pero yo, yo no podía creerlo. Esme me tomó por el brazo y me condujo a otro de los sillones, Emmett paró la melodía que tarareaba, me sentí pésima por irrumpir la felicidad, la poca que conservaban los miembros de mi familia, entendía el porqué del cambio de guardas.

Descansé la cabeza sobre el regazo de mi abuela y mi perdí en un mundo único y completamente mío.

El despertar fue lo más extraño, aún mi abuela me cepillaba con los dedos los mechones de cabello, Bella estaba sentada en el otro extremo del sillón y me contemplaba como cuando tenía 3 años, mi mano estaba unida a la suya y comprendí que vigilaba mis sueños. Un sueño sin él. Era la primera vez que no lo veía desaparecer entre el fuego, la primera que no gritaba su nombre y me desesperaba tratando de encontrarle. Me incorporé despacio sintiéndome una traidora por esa paz que guardaba ahora que el no estaba presente en mi subconsciente, abrí la boca para decírselo a Bella cuando ella asintió y sonrió. Mi mano aún estaba ahí con la de ella y supo sin palabras cómo me sentía. Entonces Emmett se puso de pie y se escucharon aullidos que desgarraban el aire.

Estuvimos materializados en la puerta en un segundo, mi padre apareció jadeante, abrazó a Bella y después colocó un frío beso en mi frente.

-Nos ayudarán-dijo con una sonrisa en el rostro

El compás del corazón errático comenzó a tomar ritmo, como una marcha de tambores y a cada latido un sonido diferente se fue acompasando, era una especie de ráfaga, como si un viento se acoplara a mi latir, después se hizo más fuerte y comprendí que parecía un rayo veloz acercándose. Todos se dieron cuenta de ello, Seth se materializó con su forma humana a un lado mío.

-Estarán aquí en unos segundos- dijo y me apretó contra su caliente cuerpo

Pronto el sonido se fue haciendo más nítido y entonces un pitido prorrumpió en los oídos de todos los vampiros y el lobo que estábamos ahí

-.¿Donde está la manada?-le pregunté a Seth
-Vienen con ellos- contestó y hubo algo en su rostro que me hizo sentir menos culpable de aquella extraña alianza, una cara de aventura, como si ese fuera el momento de gloria que mi amigo estaba esperando vivir.

Los pitidos se intensificaron, Emmett y mi padre clavaron la mirada en el horizonte, ya no era un rayo, era una especie de ¿aleteo?

Edward conectó su mirada a la mía

-Papá ¿Qué clase de cambia formas son ellos?-le pregunté sintiéndome de nuevo una niña

La expresión de mi padre era seria e imperturbable, mi madre, la abuela y los tíos fijaron la atención en el cielo y yo insistí con los ojos a Edward Cullen para que hablara

-Aves- respondió por fin, justo cuando una parvada inmensa cortaba su silueta oscura contra el grisáceo cielo de Forks.........

jueves, 20 de enero de 2011

"PUNTOS DE LUZ"

-La policía de Port Angeles ha aumentado el número de elementos en los lugares públicos más visitados de la ciudad, ya que a pesar de no haber recibido ningún ataque en el último año, se ha presentado un total de 3 víctimas con las mismas señas de las chicas anteriores, esta vez en un par de estados de México.

Por otro lado aún no se han encontrado a los propietarios del rabbit rojo que apareció quemado en Front Street hace un año, sin embargo se ha descartado la posibilidad de los nexos de los propietarios con la ola de asesinatos. Los poseedores del vehículo se mantienen con identidad desconocida. Se ha cerrado el caso…

…… Seguiremos informando, por otro lado la mayoría de sobre peso que….


Las noticias solo me interesaban cuando hablaban de mí, aunque claro, ellos no lo sabrían nunca, era conveniente que siguieran en la ignorancia, dando por hecho que los dueños del rabbitt rojo habían desaparecido sin dejar ningún rastro.

Afortunadamente para mí, mi familia había llegado antes que todos aquellos policías e investigadores, sacando cualquier rastro de mi existencia de la escena del crimen.

-Cuando te sacamos de ahí estabas tan inconsciente que creíamos haberte perdido- lo había escuchado de mi madre un millón de veces.

Después de que desperté se habían dedicado a contarme -cuantas veces les pedía- la misma historia. La historia de mi muerte, porque para mí esto ya no era seguir con vida, sin él todo había terminado.

-Buscamos por todos lados Nessie, pero fue inútil, no estaba en ese lugar- mi padre me lo había explicado siempre que me salía de control, desesperada y enfurecida, necesitada de una respuesta que sabía no iba a encontrar.

Y yo me sentía con un bloqueo mental que me hacía sentir más inservible que un bote de bronceador en casa de esquimales. Por más que intentaba no podía recordar muchas partes de aquel día, eran como lagunas, como una especie de humo que atoraba las ideas y no me dejaba pensar con claridad.

Justo cuando empezaba a recordar los rasgos de su cara un dolor punzante atravesaba las neuronas impidiéndome recordar.

Carlisle había dicho que yo mismo había creado ese escudo, al querer borrarlo de mi vida, realmente estaba olvidando los recuerdos, y el querer hurgar en la inconsciencia me aguijonaba sin piedad. Yo sabía que no era así. Ni siquiera le había contado a Bella lo que en realidad pasaba, pero poco a poco restos de mi pasado y hasta mi presente se volvían como muy difuminados.

Antes podía recordar el olor de las flores cuando era pequeña y paseaba de la mano con mis padres en los campos detrás de la cabaña, también recordaba el color de las conchas en la arena la primera vez que él y yo nos habíamos tumbado al sol en La Push. Ahora todo aquello parecía distante como si nunca hubiese existido, ya no rememoraba ni el olor de las flores, ni el color de las caracolas, y más bien todo indicaba que comenzaba a parecer más irreal que una certeza.

Y si a todo aquello le arraigábamos el dolor de la cabeza que pasaba entre mis tejidos neurológicos cada vez que mi mente evocaba aquellos recuerdos, entonces estaba perdida. No, nadie podía saber de eso. No recordaba exactamente si alguna vez había tenido un secreto con mis padres, pero sin duda este merecía la pena.

-No te has cansado del mismo sermón todas las mañanas- sentenció el vampiro que se sentaba muy erguido apoyando la espalda contra el respaldo del blanquecino sofá y se llevaba la taza humeante a los labios
-¿La esperanza debería haber muerto con su partida?-le pregunté a la defensiva.

Otra cosa que tampoco sabía de dónde había salido, pero que ahí estaba, como si mi lado vampírico se hubiese incrementado más en aquellos doce meses. Un mes en estado vegetal sobre una cama y otros 11 meses en estado fantasmal curándome los mismos fantasmas de mi soledad, y ahuyentando a los que me perseguían todas las noches aullando a la luna.

-No lo malinterpretes Nessie, no significa que abandones la idea, solo que… ya ha pasado mucho tiempo pequeña y nadie sabe nada de él- el tío Jasper se inclinó con la taza de sangre en la mano y me la ofreció despacio junto con una de sus cálidas sonrisas

Los músculos comenzaron a relajarse poco a poco, bajé las piernas del sofá y extendí el brazo para tomar el preciado líquido que se me ofrecía. Jasper a fin de cuentas sabía cómo controlar las emociones, quizá por eso Alice y el dormían en el cuarto más cercano al mío.

El ultimo mes había sido el más duro para mis padres, abuelos y tíos. Sin embargo sabía que todo aquello le torturaba más a Bella que a ningún otro vampiro en aquella casa. No solo por el hecho de ser mi madre, si no porque también ella lo había vivido en carne propia

-Tu madre parecía un fantasma, o un muerto, si más bien ello le queda como guante el calificativo- Charlie a menudo me contaba la historia sobre el abandono de mi padre y terrible dolor que había proferido en su hija.

Que Bella actuaba como en automático, que sonreía cuando se suponía lo debía hacer, hablaba por deber y que todo el tiempo despertaba gritando en sueños como si estuvieran acabando con su vida.

Yo padecía el mismo síntoma que mi madre, solo que al pasar el tiempo mis ilusiones estaba ya por desvanecerse, aunque cuando lo creía todo perdido aparecían señas, puntos de luz y motivaciones que me hacían sentir la necesidad de permanecer despierta ante todo aquello, viva, aunque me sintiera desfallecida.

Algunas veces los Cullen –cualquiera de ellos- recibía una alerta sobre algún chico de piel morena, de unos dos metros de estatura, ojos marrones y rasgos nativos, entonces la esperanza encendía su llama, pero cuando mi familia regresaba con las manos vacías dolía más que de no haber existido.

Por eso estaba harta de las ilusiones, de los puntos de luz, de la esperanza, no quería seguir alentando a mi alma, porque conocía de sobra la realidad.

-¿Han regresado ya Billy y Carlisle?-le pregunté desenfadándome de la pregunta anterior a mi niñera, Jasper se relajó en su asiento al nota el cambio de mi ánimo y meneó la cabeza en una negativa.

-Regresan mañana por la tarde, pero Nessie quisiera que esta vez pensaras antes de cometer alguna acción, en tus padres, sobre todo en Bella- volvió a dar un sorbo a su taza

-¡Vaya! ¡Se han desayunado un San Bernardo sin mi presencia!- la puerta tronó en un golpe sordo y la imagen imponente de el tío Emmett se apareció en el umbral- eso es ofensivo- terminó la frase y se dejó caer a mi lado.

-Te hemos guardado un poco de Beethoven en el microondas- respondí y el besó mi mejilla

-He de agradécete, pero no me apetece comer sangre de perro- sentí el sabor de la sangre repulsivo cuando entró en contacto con mi boca, era evidente que al tío Em se le había ido la pinza sin querer

-Lo siento pequeña, no quería incomodarte con eso, ya sabes hay veces que no puedo… es difícil recordar lo que…

-¡Basta!- grité y busqué sus ojos- es que no puedo andar por la vida así, no es por que lo hayas mencionado, es por lo que él me hizo.

Por primera vez en un año, me atrevía a poner en alto mis dudas. Nunca habría dudado de él, pero en algunos sueños, cuando se convertían en auténticas pesadillas las sospechas que albergaba mi familia en lo secreto- que claro era un secreto a voces- se hacían presentes con nitidez y veía la traición dibujada en el rasgo que lograba identificar como suyo, antes de que los dolores de cabeza penetraran hondos y desesperantes.

-Nessie, es mejor que tomes una ducha, que…

-¿Es que no lo ven? No pueden decirme que me tranquilice cuando he vivido con esta opresión en el pecho, con el desconcierto de no saber la verdad

>> Es que no se si me abandonó o el está…- las acuciantes y desesperadas lágrimas no se hicieron esperar y es que ni en sueños había dejado de llorar cuando pensaba en él como un ente sin vida, lejos de mí. Para siempre.

Definitivamente pensaba que era mejor la traición, podría tolerar su engaño, su falso amor. Pero jamás resistiría si lo daban por… muerto. Entonces entendía la parte de mí que conservaba los genes de Edward Cullen, porque sin duda yo también preferiría morir que seguir viviendo una vida vacía sin la esperanza de volver a verle.

Emmett me pegó a su pecho y yo lo golpeé con fuerza, con una fuerza involuntaria, una descarga que mi tío no merecía, pero que me era inevitable, porque después de esos arranques de delirio, el sopor se hacía presente y siempre que despertaba a voz en grito por su ausencia Jasper estaba ahí para tranquilizarme.

Todos hacían rondas en la casa grande, como le llamábamos a la mansión Cullen, mis padres dormían en la cabaña y había ocasiones en las que se turnaban para vigilarme, siempre mantenían a dos vampiros en la mansión y mis padres en la cabaña, los demás o bien estaban investigando o despejando un poco parte de su mente en la mansión de Chicago

Esta vez solo podía berrear en brazos de Emmett y Jasper, mis padres habían ido a La Push, sin duda ellos nunca tomaban un descanso sobre el asunto, porque Edward no toleraba mi estado y se maldecía por haber sido alguna vez el causante de uno muy parecido, y aunque Bella hubiese querido quedarse todo el día a mi lado, yo sabía que también necesitaba de papá y era consciente que un vampiro no puede estar encerrado contemplando la pena de otro- aunque este otro sea su hija- porque termina consumido por la misma emoción

-También absorbemos esas cosas, cariño- me había explicado con parsimonia tía Rose, y por verla en estado pacífico yo le había comprendido, que aquella era la razón de no permanecer todo el tiempo conmigo. La razón de las rondas y la que debía ser suficiente para dejar que mis padres anduvieran por ahí sin mí a mi lado.

Aunque claro, no solo me limitaba a vampiros, también Paul, Jared, Embry, Quil, Sam, e incluso Leah y su esposo hacían rondas en la casa, yo solo toleraba la presencia benévola de Emily, quién siempre solicita me ayudaba a sentirme un poco menos sola y un poco menos triste.

Cuando Seth aparecía dando tumbos por el sofá, había una sensación de alivio mental, mis confusiones y lagunas desaparecían por esos breves lapsos de tiempo, y entonces me permitía acurrucarme en su abrazo y dormir sofocada por el calor que emanaba, al que no le daba importancia. Y solo en ese entonces mi subconsciente se atrevía a evocar su imagen y rememorarlo con exactitud.

Después de irse mis amigos licántropos, todo volvía a la oscuridad y la sensación de haber vivido en un sueño era más parecida a la realidad.

Me quedé dormida en los brazos del tío Emm, y fui consciente solo hasta el punto en que me depositó en la cama.
.
.
-¿Están seguros esta vez?- la voz de Jasper me llegó desde el pasillo. La luz del alba comenzaba a clarear y llevaba puesto el pijama

Bella seguramente era la responsable de aquel cambio, me había rehusado a dormir en la cabaña por el torrente de recuerdos y emociones desgarradoras que en el aire de aquel lugar flotaba como volutas de polvo, y por esa razón mi madre se quedaba conmigo hasta que conciliaba el sueño, cuando ya había pasado el peligro de despertar por la noche se iba. Y justo cuando no sentía su presencia a mi lado, alguna terrible pesadilla se abría paso y gritaba.

-Sam cree estarlo en esta ocasión, el mismo estaba dispuesto a comprobarlo, pero desapareció- mi madre respondió la pregunta de Jasper y yo me pegué a la puerta despacio

-Si Sam cree estarlo, es mejor que vayan a comprobarlo, después de todo el era su alfa.

-Tenemos miedo-susurró mi madre- No solo por Nessie, si no por lo que pudiéramos encontrar-terminó la frase

-Me imagino lo que querrá hacerle Edward si resulta ser el mismo-No hacía falta tener un poder vampírico como leer mentes para saber que hablaban de él.

Me obligué a llamarle con ese artículo, tal como mi madre había hecho cuando papá la había dejado para que su nombre lo encerraran barrotes y muros resistentes, ella misma me había dicho que funcionaba cuando te obligabas a reprimir su nombre, porque poco a poco hacía menos daño, decía que quizá en ella habría funcionado y que tal vez lo habría olvidado por el solo hecho de negarse su nombre. Y así había decidido yo.

Y también conocía a Edward Cullen, demasiado bien como para saber que querría arrancarle el cuello si se enterara de que me había estado utilizando. Pero eso no era posible.

Supe que mamá había asentido a la frase formulada por el tío Jasper, aquella que yo sabía desde siempre, el no dudaría en romperle los huesos y acabar con su vida.

-Será mejor que se den prisa, Carlisle, Esme y Billy llegarán aquí en la tarde, Em y yo podremos irnos entonces- sabía que había colocado una mano en el hombro de mi madre

-Nessie está despierta- añadió la voz de terciopelo de mi padre

Se materializaron como una exhalación en mi cuarto y mi madre colocó su fría y pétrea mano sobre mi frente.

-¿Cómo te sientes cariño?-se atrevió a preguntar aún cuando conocía de sobre la respuesta

No le iba a decir que falta y que preferiría estar muerta. Mi padre torció la boca y frunció el ceño.

-¡De ninguna manera!-respondió antes de atreverme a hablar

-Estoy lo bastante bien como para querer hacerlo-le increpé

-Basta de hablar con la mente ¿Qué pasa?- se encolerizó mi madre

-No soportaría que te hundieras más si no lo es- añadió mi padre ignorando a Bella y respondiendo a mi súplica

-Papá tengo que hacerlo- le exigí

-Renesmee quiere ir con nosotros, lo ha escuchado todo- mi madre dio un grito ahogado y Jasper meneó la cabeza en una negativa.

-Edward, debes dejar que ella decida- habló mi madre por fin al cabo de un silencio incómodo

-¿Y bien?-me cuestionó Edward después de cerrar los ojos y tomarse el puente de la nariz con los dedos- Tu madre tiene razón cielo, no puedo mantenerte sujeta aquí- se hincó en el piso y se inclinó sobre mi cama- Yo no quise comprobar que tu madre había… muerto cuando me lo dijeron, y siempre me arrepentí de no haberlo hecho

Comprendí lo que significaba para mi padre el que yo tomara una decisión al respecto, me levanté de la cama, con el semblante determinado y las rodillas temblando. Edward me sonrió

-Perdona por meterme en tu cabeza, solo quiero que sepas que no te dejaré sola ni un segundo- me aferré a el como cuando tenía 5 años

Mis ojos esperanzados no se pudieron contener y alcanzaron a Bella en la impaciencia y el atisbo de un rayito de luz en mi oscuro camino. Porque el podría estar vivo, después de todo. Yo lo sabía, porque imprimar era más que amar, era saber que su corazón no había dejado de latir.

-Quiero buscarlo- respondí a los 3 vampiros

"CARRIL DE LA MEMORIA"

Deslicé las manos por la fría superficie, sentía un dolor tan potente como el choque de dos rocas que se extendía por toda la zona del cráneo y más allá, siguiendo la línea de la columna, mis piernas eran dos estados aislados del cuerpo, no podía moverme y tampoco era fácil respirar.

-Despertó- reconocí la certera voz de la abuela Esme y unos pocos segundos después una luz blanquecina se apoderaba de mi campo de visión.

-Nessie, quiero que hables en este momento- a pesar de ser dulce, había un tono de mandato en aquella voz, que identifiqué como la de Carlisle.

Pero aunque las ideas se arremolinaban en mi cerebro como si fueran un río que estuviese a punto de desbordarse, me era imposible formular una palabra.

Entendí que la luz que brillaba sobre mis ojos era la proveniente de la lámpara de auscultar de mi abuelo, pestañé en un intento por hacer que el dolor aminorara o que despertara realmente de esa procesión de sueños que más bien parecían pesadillas.

-¿Cómo está?-preguntó la voz que pertenecía indiscutiblemente a mi padre. Una silueta se situó al lado mío y reconocí en ella a Bella.

Mi madre tocó la frente y poco a poco sus manos se apoderaron de todo mi cuerpo, sabía que lo que ella quería era comprobar el estado de mi cuerpo, saber si estaba tanto física como emocionalmente en ese lugar. Saber si era yo en todo sentido de la palabra.

Frotó sus manos cada vez con más desesperación sobre mis brazos, y yo quise poder decirle algo, pero todo era confuso, como un remolino de viento, como los efectos que produce el alcohol cuando se te han pasado los tragos. Sabía que no podría formular una frase entera, solo era capaz de deslizar debajo de la lengua palabras separadas, y comprendía que mi familia se llenaría de pánico si lo hiciera.

-Va a estar bien, Edward- respondió el abuelo

-Carlisle- llamó un tono lastimero y me desgarró entender que procedía de la vampiresa que estaba a un lado mío-Necesito que la cures ¡Hazlo ahora!

Moví los oculares en todas direcciones intentando hacer que Bella se diera cuenta que estaba bien, que no había nada que temer, me sentía impotente al no poder hacer que mi madre viera que mi estado no era lamentable, impotente al no poder hacer que ella se sintiera mejor.

-Bella todo estará bien, Nessie necesita descansar, Amor la encontramos tranquilízate- Supe que mi padre la había tomado entre sus brazos y escuchaba claramente el frenético respirar de mi madre, entendía que lo hacía inconscientemente a falta de sollozos que no podía articular.

-Edward tiene razón Bella, además del golpe que se llevó en la nuca, no hay nada malo con tu hija, Nessie necesita reposar, hija, se lo mucho que te duele esta situación, pero el autocontrol podría ayudarte demasiado en este momento, recuerda que Renesmee si puede escucharte y ten por seguro que esto la tendrá muy intranquila- La respiración de mi madre fue decreciendo cuando escuchó aquellas palabras hasta hacerse nula o hasta que yo me volví a sumir en el sopor del sueño.

Cada día era la misma historia, Carlisle y Esme estaban ahí para cuidar mi despertar y mi dormir, y había algo en todo aquello que me resultaba incomprensible, pero simplemente no encontraba la razón de aquella sensación.

Solo había visto aparecer a Jasper por aquella habitación durante esa semana, si es que había pasado una semana, porque en el acto de solo pestañear podrían haber pasado meses o solo días. Y no me importaba. Sin embargo había una necesidad angustiante tronando con cada latido de mi corazón, algo que sabía estaba mal y nadie había mencionado.
No había tenido sueños durante aquel tiempo, porque tampoco dormía lo suficiente, aún el cuerpo estaba agarrotado y amarrándose a la vida sobre la cama. No se puede concentrar la mente cuando estas sin poder moverte como una especie de estatua. Y era la angustia de no recordar nada lo que me hacía sentir el pecho saltar tanto dormida como despierta.

Poco a poco fui consciente que nadie iba a decirme el porque de ese estado vegetal, si no todo lo contrario, esperaban que yo pudiera responder aquella duda que tampoco el Sr. Don Oruga de Alicia en el país de las Maravillas habría respondido.

Y me resultaba penoso encontrar mis recuerdos así de nítidos, desde la infancia hasta la facultad y la graduación, ahí estaban mis padres, mis abuelos, mis amigos, sin embargo había una pieza que no encontraba como en el domino una ficha en blanco, era también vergonzoso recordar cada materia de la escuela, cada juego de mesa, hasta cada parlamento de una obra de teatro, o un buen libro, o alguna película, pero tener el conocimiento de que lo que yo desesperadamente buscaba entre mis recuerdos no estaba. Y me hacía sentir vacía y fría.

-Solo es cuestión de tiempo-escuché pronunciar una vez a Carlisle

-Ha sido demasiado tiempo, es como si ya estuviese muerta- la aterradora y desgarrante voz solo podía provenir de mi tía Rosalie

-No puedes ser tan cruel- objetó Alice

Los escuchaba porque ellos sentían que hablaban entre susurros y porque a la vez pensaban que yo dormía, necesitaba oír aún más, porque sabía que ese espacio en blanco en mi cabeza ellos lo conocían y yo no podía recordarlo, aunque me esforzara demasiado, aunque utilizara mis habilidades vampíricas, tampoco era como si los híbridos fuésemos superhéroes, más bien todo lo contrario, sentía que el lado humano se apoderaba poco a poco de mi carne y eso fue lo que tomó sentido y lo que escuché.

-Si ella no hubiera dejado de beber sangre, todo por ese perro

-Ella lo hizo por amor Rose, así como tu cuando convertiste a Emmett-contrapuso tía Alice

-De no haberlo hecho estaría fuerte y no parecería un muerto- supe que sentía lástima y muchísimo dolor

-¡Es Nessie!-tronó mi pequeña tía

-Se te ha olvidado ya que todos estamos muertos- añadió una cuarta voz que al instante identifiqué como Emmett al cual no había escuchado desde el día que desperté.

-Pero su causa es diferente, ella no tendría por qué estar en esa cama, así…- y la rubia se vio interrumpida

-No fue su culpa- la voz que entraba en la conversación era sin duda mi madre

-Nadie está culpando a nadie Bella- Jasper ahora también hablaba y supe que toda la familia estaba en aquel sitio, seguramente era la habitación contigua o estaban en el pasillo, no podía identificar la localización de las voces, solo quería regresar al instante en el que había perdido mis recuerdos, y que por alguna poderosa razón sentía que se avecinaba.

-Ella lo está haciendo-recriminó Alice

-Porque solo ese pedazo de animal tuvo la culpa- respondió con la voz asesina Rosalie- Estaba de su lado, ese patético viaje a Port Angeles estaba más que planeado ¿Es que no lo ven?

-La única que afirma eso eres tu hija, pero debo reconocer que hay una posibilidad de que lo que dices sea realmente cierto- volvió a tomar la palabra Carlisle
-El no pudo hacerle eso- gimió Bella

-Tu recibiste su última llamada, era una coartada- volvió a levantar la voz Rose

-Lo hizo Edward y saben qué el salió para allá en cuanto tuvo el conocimiento

-Y ese maldito animal se la había llevado ya- volvió a rugir mi tía

-Rose nadie está seguro de que eso haya ocurrido- la dulce y tierna voz de Esme templaba el ambiente

-¿Y porque nadie lo encuentra entonces?- la voz de Emmett se tornó salvaje y fiera

Una línea de fuego se extendió en mis recuerdos y los ojos oscuros de una persona aterrada comenzaron a vislumbrarse en una fina línea

El silencio se hizo presente, hasta el punto de poder cortarlo con un cuchillo, cada uno sopesaba las posibilidades de las palabras de los otros, y yo cargaba con las de cada uno. Sabía que Edward no estaba presente porque de haberlo estado me habrían descubierto en un instante.

-No sabemos donde esta es cierto- añadió Carlisle como quién lleva la batuta en una escuela o un coro, como una potente figura autoritaria, ante la cual todos deben enmudecer- Pero tampoco sabemos qué fue lo que le sucedió, y aún me resisto a creer que el lo supiera.-hizo una pausa en la que todos permanecieron inmóviles-Además, ¿Qué ganaría Jacob con todo esto?

-¡Sostente!- El grito aterrado de la voz gruesa se hizo presente como un recuerdo que cual rayo aterriza en la consciencia.
Una vuelta, un derrapar y entonces un lobo gruñó sobre mi cabeza, sus ojos enormes y oscuros penetraron en mi visión y se grabaron en mi alma supe que ese lobo me amaba y me protegía y entonces aulló y desapareció

Todo comenzó a dar vueltas nuevamente, como en un juego mecánico, como en un estado de alcoholismo, los flashes de luz provenían de todas las direcciones posibles.

Era yo en un columpio y unas manos morenas sosteniéndome, sus ojos oscuros, su cabello azabache, una sonrisa cálida, ese chico.
Era yo jugando a las muñecas, sus ojos oscuros, una sonrisa cálida, ese chico.
Era yo escapando de la casa rumbo a Chicago, sus ojos oscuros, ese chico.
Era yo envuelta en sudor tronando deliberadamente en un orgasmo, aferrándome a la vida entre colapsos, sus manos morenas, ese chico.
Era yo aterrada, era un auto que escapaba, eran sus ojos angustiados, era un fuego intermitente, era su protección, era un vestido blanco, era aquella boda. Era yo, y era ese chico.

Moví las manos en un intento desesperado de alejar esas partes del puzle que me habían negado los recuerdos unos días atrás. Lo que antes deseaba con desesperación ahora quería que terminara, ya no quería recordar más, no sabía que era lo que me ocasionaba, pero ahí estaba relumbrante y ante mí tanto como había querido. La pieza faltante de todas mis memorias.


Había conducido esperando que apareciera y de pronto todo cobraba forma en ese carril que transitaba estaba el, solo él.

Un vampiro, Una chica, Un hombre lobo, Un bebé híbrido.

La palabra salió como sí de un resorte en un libro se tratara y me dejó ciega en aquel momento.

IMPRIMACIÓN.

Como si de un baldazo con agua fría por la mañana cada molécula se junto y todo cobró sentido.

-¡Jacob!-grité horrorizada y entonces todo mi cuerpo reaccionó.

Los pasos no se escucharon, se materializaron en mi habitación, las manos de Carlisle intentando controlar los aparatos, mi cardio fuera de control, los gritos de dolor que salían de la garganta, las patadas y manotazos espeluznantes como posesa, Rosalie, Esme, Alice, Jasper y Emmett sujetaron con firmeza mi cuerpo mientras mi cerebro se dedicaba a recapitular toda mi vida.

Y en la que me parecía completa hacía un instante ahora estaba él. Siempre había sido el y siempre sería Jacob Black.

-¡Jake!-volví a llamarle con desesperación y angustia

Un lobo que desaparecía entre el fuego, me levanté a toda prisa y coloqué la mano en la hendidura detrás de la cabeza ¡Jacob! ¡Jake! El no aparecía y mis jadeos y sollozos cada vez eran más prominentes ¿Dónde estás?, llamé aterrada y sangrando y algo golpeó tan fuerte la nuca que hizo que me desplomara de nuevo, entonces todo se volvió negro.

Jacob no me había podido dejar sola esa noche. El había salido a defenderme el lo había hecho yo lo había visto, la conversación de mi familia se convertía en sentido y piezas que encajaban. Jacob me amaba, Jacob se casaría conmigo, el no había tenido nada que ver. Pero si todo aquello que hablaban era cierto, también lo era que el no aparecía.

Y yo no podría concebir una vida sin el a mi lado, la certeza de aquello me produjo una sacudida, justo cuando sentí el líquido que se extendía debajo de mi piel entre las venas, Carlisle me aplicaba un sedante.

-Jacob-susurré y supe que dormiría nuevamente .................

"FUEGO"

-¿Estas tan segura de hacerlo?- Jasper me preguntó por decimo quinta vez. Puse lo ojos en blanco por la misma cantidad de veces y el se volvió a echar a reír. –Solo quería asegurarme querida- tomó mi mano entre las suyas.

-Eres tan importante para nosotros como para tu padre- añadió el guapísimo de mi tío Emmett, le dediqué una mirada cargada del amor que le profesaba desde que jugaba con el a las luchas cuando aún sostenía una muñeca en los brazos.

Aunque fuese hija de Edward y Bella, no podía discutir que me habían educado como si pareciera tener más padres y madres, sin duda Emmett, Jasper y Rose eran esa clase especial de familia que ocupaban un espacio tan importante en mi vida como Edward y Bella, Carlisle y Esme eran los mejores abuelos, de esos que deseas cuando juegas a la casita y a formar una familia con algún club de Barbie´s. Alice era como una hermana, la que nunca podría tener pero que a través de ella suplía ese hueco, y claro doblemente porque también en ella tenía la mejor de las tías.

Era una madurez que no creía alcanzada y que en ese momento me tomó por sorpresa, cuando supe que en aquel punto de mi vida, no había marcha atrás, ahora estaría para siempre con Jacob Black, sería su mujer, su esposa. Y había aprendido a crecer con los ojos vendados

-Así que si ese perro te hace algo-amenazó con un dedo acusador la tía Rose- Le arrancaré la cola

Eché a reír con los ojos cristalinos, cada día se avecinaba más mi fecha de matrimonio, era como estar observando el reloj y deseando que detuviera la marcha sabiendo de sobra que aunque dicho reloj no fuera el Big Ben nunca detendría su andar.

No era por miedo, era más bien la extraña sensación de la perdida. No tenía que perder con Jacob a mi lado, el siempre estaría conmigo, quizá dicho presentimiento se debía más bien a mi familia, a la separación física que implicaba, al ya no despertar más en una cama King size, pero ahora todas las mañanas despertaría al lado de la persona que más amaba en este mundo y en los venideros. De quién estaba segura estaría enamorada en cualquier vida, pasada o futura. Solo Jacob Black ocupaba el verdadero espacio de mis pensamientos.

La tibia presencia de Bella me hizo reaccionar en aquel momento, como si fuese una fina línea de tiempo que esta a punto de quebrarse por la mitad, la miré, sus ojos se habrían llenado de lágrimas de haber podido y como los míos eran el purísimo reflejo de ellos, se desbordaron por entre las largas pestañas negras, sus manos se encargaron de deshacerse de aquellos inoportunos “pedazos de mar”.

Edward llamaba a cada gota un “pedazo de mar” porque decía que llevaban la misma pasión que las olas agitadas cuando sacuden los bordes de las playas. Yo había visto demasiadas veces el desbordar de la espuma cuando chocaba contra la costa, impetuosas, reclamando una atención que únicamente era para ellas, las majestuosas crestas marinas. Y también las llamaba de aquel modo porque las lágrimas llevaban la misma cantidad de sal que proporcionaba el mar azul.

-Algo te preocupa- La suave voz de Bella me envolvió como el efecto mismo de su escudo abrazándome protector, física y mentalmente- soy tu madre, recuérdalo Renesmee.

Había un tronar apabullante en el pecho que se inflaba de una manera estúpida e indescriptible, algo que me hacía pensar en correr lejos, pero al mismo tiempo quedarme quieta como un ratón a hurtadillas en una casa con algún gato de vigía. Dolía.

-Hay una sensación-decidí responderle. Miré fijamente por el cristal donde se cortaban las siluetas de todos mis tíos, que regresaban a la gran casa Cullen, el aroma familiar de mi cuarto en la pequeña cabaña me sobrecogía diferente pero maravillosamente.- Es algo que no sé cómo explicarte…
- y sin embargo está presente aquí- dejó caer con suavidad su mano sobre mi bombardearte corazón

Asentí sin fuerza y con el picazón de vuelta en los lagrimales. Bella pasó sus brazos por mis hombros y recliné la cabeza en su pecho, mientras ella acariciaba lentamente los cabellos, más dorados ahora, que broncíneos.

-Cariño, todo esto es muy precipitado, y si tu no estás segura yo si lo estoy de que Jacob aguardaría el tiempo suficiente además recuerda, que la imprimación no es una obligación Nessie, tu aún puedes…

-No es acerca de Jacob mamá- le interrumpí con un tono tan lastimero como mi misma alma, incluso en aquel momento habría obtenido el doble del fantasma de canterville sin haber adicionado.- Estoy más segura de casarme con el que de cualquier cosa en este mundo.

>> Mírame ¿me veo acaso como una niña de 11 años?- le pregunté separándome de su cuerpo frío, pero reconfortante.

-Es la edad que tienes- iba a protestar cuando su tono de campanitas tintineantes me interrumpió- No es la que aparentas y se que tu madurez va mucho más allá de cifras, pero siempre serás mi hijita.

Me volvió a envolver en su abrazo.

-¿Crees que es fácil para mí verme siempre de 18 años y ser tu madre?- comenzó a reír nerviosa

El mayor miedo es el que nos tenemos a nosotros mismos, no a lo que pueda ocasionar la vida, ni siquiera tememos a las consecuencias de las decisiones que efectuamos, en realidad el temor es siempre ocasionado por la misma persona que dice que lo siente.

Y eso era precisamente el patético trauma que experimentaba mi ser a lo largo de aquellos días transcurridos desde la petición de mano. Mi cabeza estaba siendo un revolucionario fracasado que se alzaba dando gritos, cabalgando a tropel entre las rendijas de mis neuronas. Era una sensación de intranquilidad y de completa burla. Sin embargo además de miedo era dolor, un dolor insoportable y una tristeza que me hubiese encantado fuera efímera. Pero no lo era. Latía acompañando cada bombeo de mi corazón mutante, tangible que le helaba la sangre hasta al más diestro de los híbridos y que mantenía a Jacob Black conmigo, sin importar las noches en vela, ni los llantos sordos no dignos de su princesa.

-¿Quieres ir de compras esta tarde?-me preguntó cuando los primeros rayos del día comenzaban a clarear en los peldaños del porche

-¿Tiene algo de malo? , la boda esta cada día más cerca y aún necesito ir a ver unas cosas yo…

-Amor, no es necesario que veas todo tan deprisa, si bien no será un rito exigentemente de marca, pero será algo sencillo que te agrade y mis hermanos están organizando ¿recuerdas?- suspiré y el me apretó contra su pecho.

>> Además, si bien recuerdo Alice está también a cargo de unas cuantas cosas, yo pienso que deberías dejar de preocuparte por eso, o ¿es que ya no quieres casarte?- sus ojos enamorados se apagaron como un farol que se queda sin aceite y una punzada parecida al aguijón de una abeja-porque tampoco era inmune a los piquetes de insectos, a pesar de ser una híbrida- me atravesó al ver el inminente cambio en su mirada.

Si había algo en el mundo capaz de matarme de dolor, era ver a Jacob sufrir, o el rastro de una ligera tristeza

-No vuelvas a mencionar eso de nuevo ¿escuchaste?, ni siquiera de broma- le amenacé antes de arrojarme al refugio cálido y seguro de sus brazos. El mejor lugar para mí en el mundo era aquel entre los morenos, fuertes y cálidos brazos de mi Jake.
-¿Crees que un paseo por Port Angeles te tranquilice?- su ceja levantada y la forma en la que movía la boca haciendo mohines me hacían demasiado difícil resistir el deseo de ser la posesora de su cuerpo, en cualquier instante, no solo era que el calor me llevara más allá de las nubes, era el mismo Jacob y su ser, que no me permitían desligarme de todo lo que me provocaba su simple presencia en todo mi organismo.

¿Cómo negarle algo que pidiera? Lo había intentado de mil maneras, pero nunca resultaba, a fin de cuentas era una especie de robot, su propia esclava. Esclava de su vida, de su alma, de su amor.

-Solo si haces correr al rabbit- ambos reímos, y el besó dulcemente mis labios, su mano derecha sostenía mi mentón y la izquierda me atraía al placer de su boca con fuerza.

Port Angeles nunca se había caracterizado por ser una cuidad violenta en el estado de Washington, la noticia nos llegó de sorpresa cuando el periódico local voceaba

“OLA DE ASESINATOS RECORREN PORT ANGELES: Se desconoce causa”

Jacob compró el periódico alarmado, lo sabía, leí y releí la nota mientras estábamos en la cafetería, supe que algo no andaba bien, por la mirada ausente de mi prometido, comimos el cono en silencio, mientras Jake paseaba de forma sospechosa la mirada por la nota

En las dos últimas semanas se han recibido informes de ataques a personas, a diferencia de hace algunos años en la ciudad de Seattle, los asesinatos parecen seguir un patrón, por lo que la policía investiga casos de asesinos en serie. Las victimas van desde los 18 a los 23 años de edad, todas ellas blancas, color de ojos, café y miel y cabello broncíneo o dorado.


La víctima más reciente responde al nombre de Caroline Fell aproximadamente 3 semanas de su desaparición y la más antigua con casi un año a Libeth Antillán, de aproximadamente 1.70 de estatura, ojos color miel, tez blanca y cabello broncíneo, ambas iba a su escuela en la facultad de medicina cuando se les vio por última vez.
Las autoridades de Port Angeles, Seattle, Forks y el estado de Washington se han unido para seguir investigando.

Me impactó la edad de las chicas, así como la similitud entre ellas, debía ser sin duda un asesino serial quien estuviera detrás de aquello, sin embargo hubo algo aún más alarmante. CIUDAD DE SEATTLE

-¿Jake?- el me miró doblando el periódico por la mitad y escrutándome silenciosamente, sabía que estaba nervioso, preocupado y hasta había un atisbo de enojo en su mirada.

-Dime cielo- respondió como en automático

-¿Qué pasó en Seattle hace tiempo?- estaba segura que era la pregunta que Jacob quería evitar realizara, pero ya estaba en el aire y por muy podrida que estuviera la ciudad, el silencio que se instaló entre ambos era aún más asfixiante y apestoso que el de la misma Port Angeles. Jacob no respondió.

Tomó el móvil y comenzó a teclear un número sumamente conocido para mí

-¿Edward?-pregunté aún sorprendida, el me volvió a ignorar- Jacob, ¿Jake que pasa?-pregunté ahora si, realmente alarmada.

-Es el aviso en el periódico de Port Angeles, tienen las mismas señas, en este momento- y colgó. Tomó mi mano y nos remolcó fuera de la heladería hasta llegar a su auto

-Quiero que me digas que está pasando-le exigí- ¡Necesito saberlo Jacob!-grité, el ya estaba en marcha.

Doblamos una esquina, la calle se llenaba de neblina cuando el auto derrapó y comencé a sentirme confundida, dolida y temerosa, jamás me había llenado de miedo con Jacob a mi lado, en aquel instante el pavor hizo temblar hasta la médula de mi columna vertebral.
-Son ellos Nessie, han vuelto a crear una horda de vampiros neófitos, tengo que sacarte de aquí- Gruño manoteando el volante, me desconcerté aún más-¿Es que no lo ves?-gruñó

En aquel momento las palabras del periódico saltaron como resortes de las páginas
CHICAS, 23, BLANCA, BRONCINEO, MIEL. Y entonces lo comprendí. Quien fuera que estuviese haciendo esto me quería a mí. Temblé.

-Jake.. ha.. has dicho han vuelto- confirmé entre tartamudeos. El me miró y pisó el acelerador.

-Va a salir todo bien Nessie- me tomó la mano

El marcador daba a 120 y la esquina que seguía parecía la de un basurero, al parecer, después de doblar aquel pedazo de cemento la carretera que conectaba con Forks aparecía de inmediato, pero lo que apareció, no fue en nada parecido a una carretera, la neblina se hizo de nuevo presente y en dos segundos Jacob doblaba el volante del auto como si fuésemos a estrellarnos con un iceberg invisible

-Sostente- fue lo último que escuché de él y soltó mi mano para realizar la maniobra.

Un fuego incalculable se extendió ante nosotros, proveniente de ningún lado y el coche derrapó, vi la cara de terror de Jacob al intentar salvarnos, dejó el mando y se lanzó sobre mí estrellando el vidrio y aterrizando en el pavimento, un enorme lobo tomó su lugar y Jacob gruñó.

Fui consciente del dolor que apareció detrás de mi cabeza y un líquido se extendió bajo la nuca. Sangre. Jacob aulló y entonces todo se volvió negro.............

"COMPROMISO"

-Alice, lo que menos queremos es que te sientas ofendida- replicó Jake ante un duende enfurruñado, cruzado de brazos y sentado a la mesa con la boquita fruncida.

-Bien, si no querían ofenderme, no harían lo que piensan hacer y dejarían que me encargara del asunto- Odiaba que Alice manejara ese tono de evidente orgullo y feminismo, pero sosteniendo la mano morena de mi prometido las fuerzas no me abandonaban.

-Tía- mi mejor sonrisa y dulce tono salió a flote- ¿tú me amas?

-No juegues conmigo niña- alzó un dedo desafiante- Claro que te amo-contestó por fin, sabiéndose el precio de aquella respuesta

-Solo deja que hagamos esto a nuestra manera- supliqué, un montón de palabras y palabrotas salieron a tropel de los delicados labios de Alice Cullen, entonces Jake tronó en una carcajada peculiarmente suya y paladeamos el éxito de la victoria.

Después de varios “a Alice no le gustará esto” y demasiados “lo comprenderá, a su modo, pero lo comprenderá” decidimos comunicarle la maravillosa noticia a mi menuda tía acerca del modo en que Jake y yo nos uniríamos para toda la vida. El resultado había sido un poco menos eufórico de lo que habíamos planeado, pero a fin de cuentas aunque entre muchos “querrán mi ayuda” Alice había entrado en razón y nos dejaba el camino libre al organizar nuestra boda.

Aunque realmente sabíamos que en el banquete, recuerdos e invitados si se iba a inmiscuir por más nosotros dijéramos que no era prudente. Porque en el vocabulario de mi tía esa palabra a un lado los millones de los Cullen equivalía a “X” en una ecuación algebraica.

-La parte difícil viene ahora- Notaba el aire tenso en torno nuestro, más aún porque sabía lo difícil que sería para Jake pedir mi mano. Y a la vez me llenaba de euforia saber que pronto no habría nada que nos pudiera separar.

-Papá no se opondrá, verás que todo saldrá como esperamos- Le di un beso en la mejilla y el apretó mi mano.

Convencer a Alice era una cosa y otra muy distinta convencer a Edward de que su hija pequeña estaba a punto de casarse, había aceptado no de muy buena gana que Jake viviera con nosotros todo ese tiempo, claro estaba el en el ala este y yo en la oeste, pero aquella separación de pasillos de nuestras casas no era impedimento para que el cuerpo de Jacob se completara con el mío. Claro, no en mi casa.

Sonreí ante el recuerdo de sus manos bajando por mi vientre, deleitándose en besar mi ombligo y.....
Jake decidió ir en busca de ropa presentable y algún postre aunque de cualquier manera sabía que mis padres solo querrían sangre de puma como platillo. Intentamos por todos lo medios deshacernos de la idea sobre familia de Vampiros. No era común que un hombre lobo pidiera la mano de una híbrida en una casa llena de chupasangres.

Únicamente queríamos ser Jacob y Nessie dos seres humanos que se estaban profesando amor eterno y por lo tanto decidían unirse ante cualquier mundo, y que el cielo fuese testigo de aquel acto de profunda devoción.

Sabíamos de sobra que mis tíos y abuelos ya conocían que era lo que vendría y aunque abiertamente nunca lo había dicho yo conocía que tía Alice ya había abierto la boca en algunas o más bien demasiadas ocasiones, las cuales bastaban para hacerle saber al clan Cullen que Jacob Black estaba a punto de pedirme matrimonio.

Inhale un par de veces sin ser consciente, me bastó pestañear para darme cuenta que mi madre había entrado a la alcoba.

-Aún e sigo viendo como aquella niñita que se mecía en esa hamaca- no desvió la vista de 2 árboles entre los cuales colgaba la tela. –No voy a olvidar que tu infancia más feliz fue aquí, en Forks- añadió con vestigios de antaño.

-¿Crees que papá ponga demasiada resistencia?- Bella me sonrió

-Su niña ha crecido, no creo que a ningún padre le haga demasiada gracia- dibujó la mitad de la sonrisa en su rostro

-¿Significa que querrá arrancarle la cabeza a Jacob?

-No toda persona tiene el don de estar en la cabeza de su futuro Yerno- mi madre sonrió de nuevo- Dile a Jake que no piense en la luna de Miel y tendrás a un padre de lo más sofisticado.

Me uní a la risa, yo sabía lo difícil que era para Edward aceptar que en unos días me casaría, más aún después de todo lo vivido en el pasado entre los lobos y los vampiros. Al cabo de todo el tiempo transcurrido el comprendió que el asunto de imprimar no es solo cuestión de Amar.

Era imprimar en todo sentido, exactamente lo que significa según el diccionario: Dejar la marca, una huella que esta plasmada en una persona –aunque el diccionario dijera papel- era quedar sellado, había en ese acto un compromiso mudo y silencioso. Jake siempre había dicho que yo tenía la opción de elegir cuando fuese mayor, que no era una imposisión, sin embargo ahora no podía ver a nadie mejor que Jacob para mí.

Había estado conmigo desde el principio, desde el primer día que abrí los ojos, sus ojos habían sido mi reflejo, había sido un juguete, un hermano, un pariente, mi primer revoloteo de mariposas en el estómago, la primer ilusión, mi alfabeto en Quileute, mis ideas, un amigo, los labios carnosos, el calor del Sol, una llama viva, mi primer orgasmo, mi vida completa, pero Jacob jamás podría haber sido una opción.

Porque el y yo estábamos diseñados desde el momento en que las leyendas se habían formado, desde que los espíritus guerreros abandonaban sus cuerpos, Jake era mío.

-Me mostraste con tu pequeña manita que no lo hiriera- habló mamá rompiendo mis pensamientos- cuando Salté sobre él y estaba llena de coraje por haberte hecho eso de la imprimación-suspiró en un momento de recuerdos- dijiste “Es mío”, y aunque llena de ira aún, comprendí que este momento llegaría algún día.

-No es el mejor momento, debo reconocer- El terciopelo fino habló recordándome girar la cabeza. Edward estaba ahí detenido como estatua en el marco de mi puerta, vestía gris y tenía el cabello enmarañado.

-Papá, para ti jamás será momento indicado para casarme- respondí y en media respiración, el tomaba la cintura de mi madre y acariciaba mi mano.

-Debes entender que hace 2 segundos tocabas con tus manos pequeñas unidas a la mías el piano de la sala

-Después pestañeaste-completó mi madre

-Exacto, basta de pestañeos- los tres reímos.

-Jake también quiere lo mejor para mí- y leí en sus ojos el asentimiento.

-Se robó una de las razones de mi existencia, pero debo reconocer- habló antes de que lo interrumpiera- que en efecto Jacob, no solo quiere lo mejor para ti Nessie, Jake es lo mejor en todo sentido para mi pequeña.

Había decidido no ponerme como maraca, lo cual había sido una soberana estupidez porque ¿Quién no se pone a temblar si están a punto de pedir su mano?

Arjona sonó entre acordes recitando los poemas precisos del siguiente Shakespeare nacido en el 64. Tenía eso de
“aunque si esto no es la muerte, se le ha de parecer.”

Tomé la mano morena de mi prometido, después de la cena y entre noticias sobre La Push y los clanes del oste, comenzaba el
“Siéntense y relájense que esto está solo que empieza”

-Se que no he sido un ejemplo, pero me enamoré- mi padre frunció el ceño y Bella tomó su mano. Jake apretó a su vez la mía.-Me imprimé de ella ¿Qué quieren que les diga si me enamoré?. Se imprimó de mi ¿Qué quieren que haga si se enamoró?

-Nos enamoramos- me uní a su media actuación de Don Ricardo, que por supuesto no estaba cantando

-Se que no hay mejor para mi hija que tú Jake- el tono aterciopelado se completó con las campanitas del suspiro de Bella

-Bienvenido a la familia-añadió la vampiresa

-¿Cuándo es la boda?- Entonces Jake suspiró y mi corazón se tranquilizó. Después de todo, Buenas noches Don David, sería la canción menos propicia, pero sin embargo lo ultimo que pronunció Jacob después de colocar en mi mano izquierda el anillo pequeño y con el diamante incrustado. Símbolo de que había trabajado durante demasiado tiempo para adquirirlo fue

-Buenas noches Edward.................